Prostitución de nuestro idioma

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En aras de una mal entendida “paridad de género”, la clase política de México al más alto nivel ha prostituido el idioma español y nuestro lenguaje, deporte que se ha agudizado en los últimos 20 años con acentuación en épocas electorales. ¿Cuál es la razón principal de esa prostitución de la tercera lengua a nivel mundial con más de 500 millones de hablantes en el mundo, después del inglés y del chino mandarín? Los lingüistas no dudan en que esa prostitución se debe a la ignorancia de un pueblo que no lee y está en ayunas de una memoria visual, sobre el uso de las palabras y términos como “las y los”.

Entonces, ¿Qué lee la clase política azteca? ¿Cuántos libros lee en promedio un mexicano egresado de alguna carrera universitaria o los compatriotas de a pie, como este modesto átomo de la comunicación? Perplejo me dejó un joven que terminó su carrera de abogado, hace 14 años, cuando me reveló que desde entonces no ha leído un solo libro. Obvio, está sin trabajo y totalmente desactualizado en materia de leyes, comenzando por la Constitución. Así no se puede. Bueno sería que mis colegas periodistas en la República Mexicana hicieran durante estas campañas electorales un pequeño ejercicio preguntando sorpresivamente a los politicastros, ¿qué libros han leído en el último año?… Nos encontraremos con muchos Peña Nietos que no recordarán ni siquiera el nombre de los autores o los confundirán.

Aturden y enfadan los promocionales con eso de “las y los diputados”, “las y los magistrados”, “las y los niños”, “las y los perros”. En el error lingüístico incurren el Poder Judicial a nivel nacional, gubernaturas, Presidencia de la República, partidos políticos; y lo más triste que he escuchado es que muchos colegas, la mayoría seudo periodistas, se van con la finta y le hacen segunda a una ignorante clase política que cada tres años lucra a más no poder para obtener nuestros dineros públicos mediante los cargos de elección popular, importándoles un comino la prostitución de nuestro hermoso idioma español.

Desde el punto de vista de estética lingüística, esos artificios de “las y los”, son innecesarios. La actual tendencia al desdoblamiento indiscriminado del sustantivo en su forma masculina y femenina va contra el principio de economía del lenguaje y se funda en razones extralingüísticas, de acuerdo con los cánones que marca La Real Academia Española. Le doy un ejemplo, cuando hablamos de todos los mexicanos, los norteamericanos, los españoles, los escoceses y tal y tal nos referimos en genérico al plural, con el cual se entiende que hablamos de hombres y mujeres, de diputados y diputadas, gobernadores y gobernadoras, por lo que es absurdo hablar de “las y los”, que lo único que refleja es una miseria intelectual de las instituciones y en general de una clase política que no lee, ni el Memín Pinguín, esa historieta con tantos valores o El Libro Vaquero de la predilección de Vicente Fox, el mismo que aconsejaba “a todos los mexicanos”… “no lean” y comenzaría a prostituir el idioma español con términos como “las chiquillas y los chiquillos”, esto debe evitarse porque genera dificultades sintácticas y de concordancia, y complican innecesariamente la redacción y lectura de los textos. Algo que ya ni los rancheros de mi pueblo hacen.

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