Regresar a la normalidad

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Los ciudadanos de los países asiáticos y europeos ya comenzaron a salir en forma escalonada del confinamiento en casa.

Nuestro país en cambio enfrenta en algunas de las ciudades más pobladas la saturación de hospitales, la falta de personal médico suficiente, de insumos y medicamentos, por citar lo menos. Por lo que la exhumación de cadáveres hoy es preocupante. En promedio la mitad de los que intuban fallecen.

Trataron de mostrarnos datos estadísticos promedio, cuando la disparidad geográfica es enorme, hay municipios donde no hay contagios. Pero no hay una explicación lógica. Por eso, a estas alturas del contagio masivo, mucha gente no cree.

En ese escenario a alguien se le ocurrió no usar pruebas masivas, y se hicieron tanteos, cálculos, proyecciones y hasta corazonadas. Buscaban el contagio masivo, pero en cierta forma controlado.

Darle tiempo al tiempo, porque no había capacidad de respuesta frente a un fenómeno que sorprendió a los especialistas.

Nos mostraron lo evidente: que hay carencias no solo en el sector salud, y que tenemos una sociedad económicamente desigual, y que no respetó el confinamiento porque vive al día. Y un sector educativo vulnerable.

Pero viene lo bueno: la reactivación de las actividades. Pero no hay nada claro. Aunque ya no es extraño, tenemos más de un año así. Y en ese vacío de estrategia, cada gobernante hizo lo que pudo, o lo que quiso o intuyó que era lo correcto.

Hubo quienes andaban como locos repartiendo gel antibacterial, cubrebocas, otros despensas y hubo más de un chistosito haciendo memes o falseando información.

Por lo que se necesita reactivar primero la credibilidad de la población hacia un sistema político desgastado, que no solo mira al pasado como la causa de todos los males y hasta como el pretexto perfecto de la inamovilidad económica.

Hay legisladores que están más preocupados por su futuro político, y por las elecciones venideras, pero no por los ciudadanos. Y desde la autoridad los programas sociales no fueron suficientes.

La pandemia como toda catástrofe, mostró la realidad que no todos queríamos ver: una sociedad vulnerable y en permanente riesgo, sin planeación, sin futuro y que no está orgullosa de su pasado reciente. Mucho menos, de una clase política que no logra ponerse de acuerdo.

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