Regresaron a las calles

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Solamente dos semanas han transcurrido desde que inició el actual ciclo escolar y los maestros de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación en Guerrero, la llamada CETEG, ya empezaron a hacer de las suyas en las calles de Acapulco y de la capital del estado. Se dicen cetegistas, pero la realidad es que no son otra cosa más que profesores adheridos a la Sección XIV del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación que nunca están de acuerdo con lo que hace su verdadera dirigencia. En Acapulco ya protestaron sobre la avenida Costera Miguel Alemán Valdés, en Chilpancingo lo hicieron en las calles del Centro y llegaron hasta La Montaña para tratar de irrumpir en un evento donde se encontraba el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong.

Motivos o pretextos siempre tienen: La Reforma Educativa es el último, pero antes era el aumento al Impuesto al Valor Agregado, al precio de las gasolinas y hasta por los 43 desaparecidos de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos”. Lo último: Maestros que marchan para pedir docentes, durante el horario de clases y en día hábil, pasando por alto que provocan lo mismo que reclaman, niños abandonados en las aulas, pues carecen de un profesor al frente. Lejos están pues los maestros de la autodenominada CETEG de luchar contra los verdaderos problemas que golpean la educación de sus alumnos y que sí está en manos de los profesores resolverlos, porque son ellos los que lo provocan. Porqué pedir una libreta engrapada que cuesta hasta cuatro veces más que una engargolada, porqué la llamada cooperación voluntaria que de eso no tiene nada. Y qué decir de las “multas” a los padres que no acudan a limpiar los salones y los patios.

Y no para ahí, porque en Acapulco, específicamente en la Escuela Primaria “Miguel Hidalgo y Costilla” del poblado de Llano Largo, una maestra se atrevió a “multar” a los niños que no dejen el bote de agua en su lugar, que se paren o que hagan mucho ruido. Por si fuera poco, la profesora atenta contra la salud de los menores del tercer año al no permitirles salir al baño, pero por el miedo que les provoca a los niños éstos no tienen otro camino más que callar el trato del que son objeto. Cuándo pues llegará el día en que, lejos de pedirle al gobierno que cambie por la fuerza aquellas cosas en que no se está de acuerdo, el maestro se esmere en solucionar esos pequeños detalles de los que sus propios alumnos se quejan.

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