Riesgo por contagios

Riesgo por contagios

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En 2009, los responsables de administrar los recursos de la Secretaría de Educación Guerrero realizaron un reparto de cloro, gel antibacterial, detergente y cubrebocas suficientes por escuela, además de abrir las puertas de las escuelas al sector salud para que médicos y enfermeras llevaran la información suficiente y oportuna en forma directa a los padres de familia.

Posterior a eso, se suspendieron clases y se dio una intensa capacitación a los maestros, quienes apoyaron una efusiva campaña de difusión de precauciones dirigida a la población vulnerable.

Estas acciones se realizaron inmediatamente que se dio a conocer el primer caso
del brote del H1N1, pues entendieron que las
escuelas son la principal zona de riesgo para
que haya contagios masivos.

En 1997, la estructura y personal de la
Secretaría de Educación Guerrero participó de manera contundente en la reconstrucción de escuelas y vías de acceso a las
mismas posterior al huracán Paulina; lo
mismo en 2013 con las lluvias ocasionadas
por Ingrid y Manuel. Los recursos adicionales destinados para reconstruir escuelas
fracturadas por el sismo de 2017 fueron
evidentes.

En la escuela, el riesgo es latente. Una vez
que ocurre un contagio, la escuela, por ser
un lugar de concentración de niños, jóvenes
y adultos, al contraer el virus, es fácil que
infecten a los padres de familia en menos de
una semana.

La guerra bacteriológica externa nos ha
pegado en los años recientes y, si no se toman
las precauciones suficientes, nos afectará
económicamente, pero también en clínicas,
hospitales, médicos y medicamentos.

China, Europa y Estados Unidos tienen
recursos económicos suficientes, infraestructura hospitalaria, monedas sólidas, por
lo que los países tercermundistas serán
quienes sufran mayores estragos si no toman
las debidas precauciones.

Alguien decía “pájaro que no sabe volar
que tome ventaja”.

En riesgo estamos todos; todos podemos infectarnos, pero será en los sectores
vulnerables, no solo económicamente, sino
en condiciones precarias de salud, donde los
estragos sean mayores.

La preocupación ahora debería ser como
en 2009, que no sean los niños y jóvenes en
las escuelas los portadores del virus para
que los lleven a sus familiares en condición
vulnerable.

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