¿Ruptura, continuidad o cambio?

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La ambición política de los grupos de poder, sea que estén en funciones o sean aspirantes, provoca fricciones y aunque traten de corregirse, el daño ya está hecho, así es como hemos llegado a lo que se ha denominado la cuarta transformación, pero no porque haya una continuidad, sino por ruptura.

Emigraron en la elección de 1988 del tricolor a lo que un año después sería el sol azteca. Un liderazgo opositor encabezó a dichos desertores a conformar una opción de la izquierda organizada en tribus, que originalmente eran partidos radicales, opositores al régimen. Y que algunos simpatizaban con la lucha armada.

De este grupo de izquierda organizada, se desprendió el que ganó las elecciones hace un año en la entidad y a nivel federal.

Pero como los procesos electorales a pesar de que se han empatado, continúan.

El fenómeno de la entrega del fertilizante en la entidad activó una confrontación desgastante al interior del partido que llegó al poder a nivel federal. Correligionarios se confrontaron en declaraciones por la ineficacia de dicha distribución federal y sus apoyos en las regiones.

Las pugnas internas en los partidos otrora fuertes y cuyas bases sólo legitimaban una elección hoy son más que evidentes.

Ningún partido se pude considerar fuerte, entendiendo esto último como organizado, con estrategia y con opción de ganar de manera contundente y con aprobación social.

La elección que se avecina presenta por primera vez un escenario, donde los jóvenes influirán, informados por las redes sociales, con multimedios de tres minutos que se hacen virales en minutos.

La vieja escuela de hacer política y de ganar elecciones tendrá que replantearse o reestructurarse.

Porque la entrega de dádivas, dejaron de ser el elemento principal para atraer masas o acarreados, en las concentraciones que era donde se mostraba el músculo político para intimidar al adversario, las tendencias de voto o encuestas de salida ya no son tan influyentes como en otro tiempo porque han fallado en sus pronósticos.

Hoy lo que se observa es sólo la ambición de los grupos de poder. No hay opción de cambio o transformación, se nota la improvisación, el amiguismo y la autodefensa declarativa, pero no resultados tangibles que se puedan percibir en los bolsillos de los mexicanos, se podría decir que hasta ahorita es más de lo mismo y que el remedio resultó peor que la enfermedad. Y pareciera que otra vez: nos volvieron a fallar.

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