¿Salir o no salir?  Es la cuestión de la  cuarentena

¿Salir o no salir? Es la cuestión de la cuarentena

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Apenas han pasado unos días en que se
pide a la población que no salga; apenas
han pasado unos días en que se comienzan
a cerrar los centros de diversión en los
que se aglomeran las personas, y apenas,
con mucha pena, mucha gente comienza a
plantearse las dificultades, sobre todo eco-
nómicas, de quedarse en casa a cumplir la
cuarentena, puesto que, si no trabajan, no
tienen un ingreso seguro que les ayude a
mantenerse en resguardo de una enferme-
dad, pero no los salva de morir de hambre.

Es cierto, hay gente que tiene que salir a buscar el sustento diario y seguramente son los más porque el
empleo informal ha crecido en México y especialmente en Guerrero;
estas personas se encuentran en el dilema de salir o no salir de sus
casas y lo tendrán que resolver bajo el riesgo de su salud.

A partir de que fue declarado pandemia el coronavirus o CO-
VID-19, ha provocado diversas reacciones tanto de políticas públicas
como de la propia sociedad. Hasta el momento, los países más afecta-
dos son China, Italia y España; en estos dos últimos se recrudecieron
las medidas de aislamiento social.

En Italia, el 18 falleció el mayor número de infectados por el virus;
en Alemania, la primera ministro Angela Merkel señalaba que sal-
drían de este problema, que era el de mayor desafío desde la Segunda
Guerra Mundial, en un mensaje en el que pidió proteger a los más
vulnerables; en España, el rey Felipe VI, también en un mensaje a la
nación, informó que tanto el Estado como las instituciones públicas
de salud están volcados en resolver esta crisis; en Estados Unidos, el  presidente Donald Trump promulgó una ley que establece fondos y
ayudas para hacer frente a la pandemia.

En América Latina, algunos países como Perú y Ecuador han
declarado toques de queda por la noche para evitar contagios; en
Brasil se hizo la petición de declarar estado de calamidad hasta el 31 de diciembre; en Chile se declaró estado de catástrofe por 90 días; en  otros países como Argentina, Uruguay, Costa Rica y Colombia todavía están tomando diversas medidas.

 

¿Y en México? Aquí, como México no hay
dos. El presidente presumió sus amuletos,
entre ellos uno religioso que dice “Detente
enemigo, el cuerpo de Cristo está conmigo”.
Y el subsecretario de Salud, Hugo López-Ga-
tell, señala que el Ejecutivo tiene una fuerza
moral, que es un escudo protector contra el
virus. Pero sí a esas declaraciones que ma-
nifiestan creencias religiosas en torno a un
tema científico y en que se ha dado un peli-
groso retraso en la definición de las políticas
públicas en el país para contener el proble-
ma de la pandemia, entre ello el acceso a las
fronteras.

A la irresponsabilidad del Estado y de
quienes lo dirigen se une la de una parte
de la sociedad que considera esta situación
como la generación de pánico por parte de
los opositores al gobierno; por otro lado,
la de personas que tienen una condición
irresponsable en su comportamiento, y
otra parte de la población que por necesi-
dad tiene que salir a ganarse el pan diario.
Esto da los elementos para una tormenta
perfecta cuyas consecuencias son todavía
imprevisibles.

No se podría dar una idea del tamaño de
la tragedia que se avecina en la propagación
del virus y de las muertes porque, a diferen-
cia de Italia, España y China, cuyos servicios
de salud son muy eficientes, en México no se
cuenta con esa seguridad.

En los últimos meses, antes de la apari-
ción del coronavirus, en México se estaban
llevando a cabo protestas por el desabasto de
medicamentos y el cambio del sistema de sa-
lud pública para los no derechohabientes. Si
las protestas se realizaron por enfermedades
en las que debe haber un presupuesto, una
calendarización establecida, es evidente que
lo que se tiene no se pudo cumplir, mucho
peor en lo que no estaba planeado, como el
caso de esta pandemia.

Qué tristeza…

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