Se mexicaniza la elección presidencial estadounidense

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La elección presidencial de Estados Unidos parece que toma el rumbo de una crisis política. Hasta el momento de escribir estas líneas no había un ganador definido, a pesar de que Joe Biden, candidato del partido Demócrata, tenía 264 votos electorales frente a los 214 del presidente que busca la reelección, Donald Trump. Hasta el momento Trump está pidiendo, mediante un mensaje de twitter detener la votación, cuyos resultados está impugnando, y en varias ciudades ya hubo protestas desde la noche del miércoles, cuando se celebraron las votaciones.

El hecho de que el proceso electoral estadounidense haya salido a las calles, con las protestas, demuestra el nivel de polarización política que hay en ese país y precisamente promovido por el presidente que pelea por continuar en el cargo. Por otro lado, el hecho de que hasta el momento no se sepa quién es el ganador de la contienda remite, con sus respectivas diferencias, a dos procesos electorales anteriores, el de 1876 y el del 2000.

En la elección presidencial de 1876, los contendientes fueron el candidato demócrata, Samuel Tildes, y republicano Rutherford B. Hayes, ambos se declararon ganadores, y el poder legislativo estaba dividido, en la cámara de Representantes había mayoría demócrata y en el Senado dominaban los republicanos. Finalmente se declaró a Hayes presidente.

El otro proceso, el del 2000 se volvió a dar el mismo escenario con el candidato demócrata Al Gore y por el republicano George Bush hijo, aquí el problema fue en Florida, donde era gobernador Jeff Bush, hermano del candidato y posterior presidente. El ganador se declaró un mes después, con un recuento de votos en el que Gore obtuvo más que Bush en el voto popular, que ganó por el voto electoral.

En una entrevista con Ayelén Oliva y publicada en Le Monde Diplomatique, el prestigiado politólogo Adam Przeworski, precisamente en un análisis previo a la elección presidencial recuerda la singularidad del sistema electoral estadounidense, de que las reglas para decidir al ganador varían en cada estado.
“Estados Unidos es el único país que conozco con reglas tan poco claras. No hay reglas claras que determinen quién es el ganador. Después de la crisis de 1876, el Congreso aprobó una ley que nadie puede terminar de entender qué es lo que dice. Las reglas son poco claras. El sistema funcionó hasta ahora por un cálculo estratégico de los perdedores. Incluso en el 2000, cuando la elección fue completamente confusa, Al Gore (candidato presidencial del Partido Demócrata) sostuvo que iba a reconocer su derrota (frente a George W. Bush) porque sino podría terminar en violencia. Entonces, existen normas informales que llevan a los perdedores a considerar una derrota. Descubrimos recién ahora que el sistema funciona por estas reglas informales más que por las reglas escritas”, señala Przeworski.

En este caso Estados Unidos esta en un caso de polarización política por el tipo de liderazgo que tiene el presidente de Estados Unidos, de confrontación y de tratar como enemigos a quienes piensan diferente. Todo esto con la escasa disposición de acatar las reglas escritas y las no escritas.

Aunque son escasos, como se pudo ver, las experiencias conflictivas de los procesos electorales en el país vecino, esto lo acerca a México, en el que se desconocen los resultados de los comicios de acuerdo con el talante del candidato perdedor. Incluso por eso mismo, desde el jueves están circulando fotos en las que parodian la que las que comparan con las protestas postelectorales del 2006 en el que se gritaba como consigna “voto por voto, casilla por casilla”.
En la elección presidencial del 2000 se resolvió por la disposición de Al Gore, entonces vicepresidente, de reconocer la victoria de Bush, pero se conoció el nombre del ganador un mes después. No ocurrió nada más que sacara al proceso de su cauce normal, sin embargo la reacción del presidente Donald Trump al que se le frustra su reelección.

Hasta el momento, lo único claro de la elección presidencial estadounidense es que esta entró en un proceso de mexicanización, por las protestas postelectorales y las impugnaciones que realiza el propio presidente Donald Trump  de los resultados electorales.

 

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