Sentimientos de la Nación

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El 13 de septiembre se volverán a escuchar en la catedral de La Concepción los Sentimientos de la Nación, la base de nuestro Estado y unidad de la Nación. Será el último evento que presida junto con el nuevo Congreso del Estado Héctor Astudillo Flores, que entre otras cosas ha dedicado su vida a los estudios del Primer Congreso de Anáhuac realizado en Chilpancingo bajo la dirección de José María Morelos y Pavón, en la primera quincena de septiembre de 1813.

Seguramente en la mente de muchos mexicanos tenemos la idea de que a partir de esos Sentimientos a la Nación pensemos en una nueva base para la redefinición de nuestro país. Desde luego, manteniendo la idea de República Federal, integrada por los 32 estados.

Estamos viendo cómo el mundo occidental está dejando el centrismo como política, yéndose a los extremos nacionalistas tanto de derecha como de izquierda y México no es ajeno a esta peligrosidad para las libertades políticas y ciudadanas.

Para llegar a unos nuevos Sentimientos de la Nación se necesita de plena unidad de los mexicanos y como único interés la existencia de un México libre y soberano donde reine la libertad de pensamiento. No será fácil porque el extremismo ya está presente en la vida política y más cuando se reciben los aires del extremismo de derecha de Bolsonaro y Trump y del extremismo de izquierda de Nicolás Maduro en Venezuela y Daniel Ortega en Nicaragua.

Debemos mantener el quinto punto en la carta de los Sentimientos que a la letra dice: “Que la soberanía dimana inmediatamente del pueblo, el que solo quiere depositarla en el Supremo Congreso Nacional Americano, compuesto de representantes de las provincias de número”.

También del sexto que dice: “Que los poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial estén divididos de los cuerpos compatibles para ejercerlos”.

Desde luego, las ideas de abolir cualquier esclavitud; que las leyes comprendan a todos, sin excepción de cuerpos privilegiados; que no haya distinción “castas”, quedando todos iguales; que a cada uno se le guarden sus propiedades y respeten su casa como en un asilo sagrado. No admitir la tortura. Que se quite la infinidad de tributos, pechos e imposiciones que nos agobian y seguir respetando el 16 de septiembre como el día aniversario en que se levantó la voz de la independencia y nuestra libertad.

Así lo dictaron aquellos 23 puntos de los Sentimientos de la Nación esperando los nuevos sentimientos como nueva República Mexicana.

Se debe sentir nostalgia como parte del gobierno saliente de Héctor Astudillo, al ir a los eventos históricos del 13 de septiembre, 15 y 16 y con cierta satisfacción como su último evento la Consumación de la Independencia el 27 de septiembre cuando entró triunfante el Ejército Trigarante encabezándolo Agustín de Iturbide y cerrándolo Vicente Guerrero.

Me imagino como buen orador que es Astudillo que será una gran pieza histórica la que dirá ese día, dejando su despedida para cuando entregue el poder a Evelyn Salgado.

Después de aquellos Sentimientos de la Nación vino la constitución de Apatzingán y posteriormente la elección del primer presidente de la República, Guadalupe Victoria, masón liberal, dejándole la puerta a Vicente Guerrero, el masón rojo. Seguramente Astudillo retomará sus estudios sobre la Independencia y la vida de Guerrero y espero piense en los nuevos Sentimientos de la Nación que se requieren.

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