Sitio de guerra

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El coronavirus ha convertido al mundo en un sitio de guerra. El ejército destructor, invisible y microscópico no lo vemos, no sabemos si ya cabalga entre nosotros ni en qué momento nos va a atacar, pero sí sabemos que vivimos en una guerra mundial y los gobernantes poderosos han decretado el estado de excepción o sitio de guerra para mantener acuartelada a la población mundial cerrando fronteras por aire, tierra y mar. No sabemos si estamos ante una Tercera Guerra Mundial, esta vez con armas biológicas que pueden traspasar fácilmente las fronteras y propagar pestes por todo el mundo para favorecer al imperio capitalista del mal. Lo único que sabemos, porque así lo marcan las profecías bíblicas, es que en los últimos tiempos el mundo será azotado con epidemias nunca vistas, aunque no pocos recuerdan las 10 plagas que vivió Egipto cuando fueron liberados de la esclavitud los judíos.

Hoy, las grandes potencias como China y Estados Unidos se acusan mutuamente de haber creado en laboratorio el coronavirus, que tiene al mundo en estado de sitio.
Esta semana, un portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino acusó que el coronavirus pudo haber sido llevado a Wuhan por elementos del ejército norteamericano, que asistieron a los juegos militares del mundo celebrados en octubre con la participación de más de 100 países poco antes de que esa urbe se convirtiera en zona de guerra y epicentro del COVID-19, que ha matado hasta el momento a más de ocho mil personas en el mundo. Ante estos señalamientos tan directos, el presidente gringo, Donald Trump, reviraría la acusación señalando que el coronavirus es de manufactura China, lo que resulta estigmatizante, puso a los chinos como agua para chocolate y reavivó la guerra comercial sin cuartel que se libra entre ambas potencias, donde China busca la supremacía económica, política y militar del mundo.

La cuestión es que esa guerra entre Estados Unidos y la potencia asiática ha
llevado al mundo a un estado de sitio en el que la gente tiene que permanecer
prisionera en sus casas o en estado de acuartelamiento so pretexto de imponer
fuertes sanciones si salen a la calle con la autorización de los gobiernos. Solamente
en México no pasa nada y, sospechosamente, los casos de coronavirus no habían
pasado de 100 y, por tanto, no se podía pasar a la segunda fase para restringir todo
género de concentraciones, incluso que la gente tenga que permanecer obligato-
riamente en su casa por lo menos durante 12 semanas, cuando se supone que el
virus debe alcanzar la cresta más alta y después descender paulatinamente. ¿Será
que no ha crecido el número de infectados porque el gobierno cuentachiles de
AMLO se niega a realizar las pruebas a través del Sector Salud y muchos de los
casos que han sido confirmados es porque las pruebas se han hecho en hospitales
privados con un costo de hasta tres mil pesos o más? ¿Por qué el gobierno amlista
oculta la realidad?

AMLO se siente un iluminado cuando dice que la crisis económica, social y po-
lítica de México no la creó el coronavirus, que no pasa nada porque, según él, tuvo
un sueño en el que, al más puro estilo de los profetas de la edad antigua, asegura
que no nos va a pasar nada a los mexicanos y menos a él, porque usa imágenes
religiosas como “escudo protector”. ¡Qué irresponsabilidad de este alucinante
gobierno que no es capaz de ver que el mundo está inmerso en un sitio de guerra!
El subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, ha justificado que AMLO no es una
fuente de contagio de coronavirus porque es poseedor de una fuerza moral. Poco
le faltó a ese rastrero funcionario echarle copal e incienso al llamado mesías de
Macuspana.

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