Solo para maestros

Solo para maestros

Comparte con tus amigos










Submit

Dice Martha Eugenia Curiel Méndez en la extraordinaria y antológica Historia de la educación pública en México que la formación de los maestros es uno de los procesos sociales de mayor trascendencia para cualquier nación; y yo agrego que para nuestro país es una continua aflicción, angustia y desesperación.

Cada vez son más los profesores que solo en Acapulco esperan acomodo, pero, ¡claro!, en Acapulco, no en la costa o en el medio rural; y ahí está el meollo.

Al ejercicio del magisterio se llega —lo sabemos— por varios caminos: por vocación, por recomendación o coacción de los padres que son profesores y quieren, al jubilarse, “heredar” su “plaza” a algún pariente; por contagio de familiares o amigos, por necesidad u oportunidad de trabajo, “aunque sea de maestro”; por fracaso en la otra carrera estudiada (no me refiero, desde luego, a quienes siendo maestros se dan tiempo para estudiar otra carrera), por marrullería o por fraude, comprando documentos apócrifos y falsos en negocios con nombres de “escuelas” —¡cómo hay normales, caramba!—.

y permítanme hacer aquí un paréntesis. Hay ‘maestros’ que habiendo comprado sus documentos de secundaria y/o de preparatoria, así como el título de ‘maestro’, que ya están bien acomodados en escuelas, ya no digamos en primarias, sino en secundarias —a quienes desde luego la autoridad no le importa desenmascarar—, que ni siquiera son ubicados fuera de Acapulco (¿y qué culpa tiene la gente del campo?). Colocados en lugares de privilegios por ese sempiterno tráfico de influencias y negocio de plazas que no han querido exterminar. Cierro el paréntesis. Continúo.

Decía: al magisterio se llega también por vocación, por aptitud, por capacitación o por interés. En fin, son varias las vertientes que conducen al magisterio de la misma manera que son muchas las escuelas particulares que “ofrecen” esa carrera. Algunas de estas escuelas se constituyen en fraudulentas y explotadoras instituciones de cuasi enseñanza en donde todo se vende: libros, cuadernos, copias y todo útil escolar, incluidos certificados, desde luego —hasta escapularios e imágenes; en algunas de ellas, confesionales—, que son verdaderos desplumaderos de incautos y a veces “hijos de papi” que a toda costa quieren ser profesores. ¡Allá ellos!

Abro un espacio para enviar un saludo a los pulcros y excelentes profesores del Centro de Actualización del Magisterio, CAM (ESCUELA, así, con mayúsculas, que sigue forjando verdaderos profesionales de la educación a través de las distintas licenciaturas que imparte y quisiera acomodar aquí aquella frasecita de que “cualquier parecido con otra institución no es mera coincidencia”, sino la falta de probidad y de ética aunado al afán inútil de otros por horadar y mellar el prestigio de las buenas escuelas), que después de tantas promesas incumplidas, aparentemente, ha quedado establecido en un bien reconstruido pero insuficiente edificio de Palma Sola.

Otra vez continúo y finalizo. ¿Qué se va a hacer con los miles y miles de egresados de las carreras formadoras de maestros que cada año se lanzan a un mercado ya satura-do? Pero saturado en las ciudades, porque nadie se quiere ir al campo, a La Montaña, a las zonas rurales, para repetir aquellas misiones culturales de los años cuarenta; por el contrario, se buscan los mecanismos adecuados para lograr una plaza, aunque sea con soborno cuantioso, concupiscencia o servilismo rastrero, pero siempre en demérito del prestigio y del crédito que otrora tenía la carrera de maestro.

Ya no habrá apóstoles de la educación, sino mercenarios que exclusivamente sirven por estipendio.

FIN.

Comparte con tus amigos










Submit