Subsidiar la pobreza

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El Estado de bienestar corporativo, con matices de neoliberalismo, está causando estragos en la economía local. Esa política económica keynesiana, propone entre otras cosas que el Estado sea benefactor, es decir, apoye con subsidios, ayudas o estímulos fiscales a empresas mediante el asistencialismo corporativo o a ciudadanos mediante políticas de bienestar social, o apoyos económicos, en el ánimo de fomentar el crecimiento económico.

En Estados Unidos y en Gran Bretaña, ante las recientes crisis económicas, el Estado optó por rescatar bancos, mediante inyección de recursos económicos; en México se crearon las condiciones para atraer inversión extranjera. Ello con la intención de fomentar el consumo y por ende el crecimiento económico y la generación de empleos. Ese modelo ha mostrado sus bondades, pero los resultados no siempre han sido los esperados, por la discrecionalidad en la asignación de recursos, ello en el ánimo de evitar poner en riesgo la estabilidad financiera de las empresas y no provocar el caos financiero por la competitividad del mercado.

Así, en el último año se han destinado millones de pesos para pagos de jóvenes, sea que estudien o no, además se duplicó quedando en 2 mil 500 pesos cada dos meses el apoyo a 8 millones de personas de la tercera edad, y a estudiantes de educación media superior y superior y a menores de 3 años, que antes esos recursos eran entregados a las estancias infantiles. Todo ello en el ánimo de vencer las brechas de desigualdad en la población.

Pero no se le apostó a la inversión. Rematar o enajenar (vender) bienes públicos es una forma recaudatoria de ingresos, pero de una sola emisión, y si esta inmediatamente se destina a municipios de extrema marginación, no se fomenta el empleo o el crecimiento económico.

Para fomentar el consumo interno, hace falta sobreproducción de productos o la importación a bajos precios, con aranceles altos, para que el gobierno obtenga recursos adicionales y crear las condiciones para que los consumidores puedan ser sujetos de crédito. Por otro lado, no se puede fomentar el terrorismo fiscal, aplicando multas por infracciones a las disposiciones fiscales, entendido éste último como la emisión de leyes persecutorias hacia la actividad empresarial o trabajadores activos cuyos ingresos les permiten medio sobrevivir.

Desde el SAT se amplió la cartera de contribuyentes, pero no se les capacito en sus obligaciones fiscales, por lo que el incremento en la captación de ingresos por parte del gobierno, no deja muy claro si éstos se redistribuirán a sectores marginados para mitigar la pobreza o para fomentar el autoempleo o el crecimiento económico. No queda claro, porque al entregarles de forma bimensual ingresos, a sectores marginales, y sin capacitarlos en su uso, va a propiciar, como el caso del programa oportunidades, que las amas de casa al ser sujetos de crédito se endeudaran y esperaran su apoyo bimensual para pagar sus créditos otorgados en grupos de mujeres. Esperemos que eso no pase con los actuales beneficiarios.

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