Tiempo de despedidas…

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Cuando falleció Juan Gabriel; Nicolás Alvarado, en ese entonces director de TV UNAM fue destituido de su cargo porque señalaba en su columna de Milenio que el cantautor tenía “sintaxis forzada, prosodia torturada y figuras de estilo que oscilaban entre el lugar común y el absurdo”.

En otras palabras, no creía que el divo de Ciudad Juárez fuera digno de tanto alboroto. Le parecía inaudito el clamor popular. Y eso que no le tocó la muerte de Pedro Infante o el de El Santo y tantos personajes más. Cuya fama fílmica trascendió las fronteras de México.

Ahora que José José nos deja, la industria del espectáculo de manera indirecta ha creado un circo en torno al fallecimiento del intérprete de medio millar de canciones. Situación que no era necesaria para la memoria colectiva. Y en ese escenario, Sarita Sosa se ha vuelto más famosa que su padre. Aunque al parecer la disputa es por las regalías.

Por otro lado; en éstas mismas fechas fallece Miguel León Portilla. Pocos lo conocían. Y por eso sólo los historiadores irán a su sepelio. Su homenaje será entre académicos. Ser popular, famoso o personaje público tiene sus ventajas entre la multitud.

Técnicamente lo que legitima la toma de decisiones en estos casos no sólo es la ética. El valor de la vida que se determina por el tiempo, porque llega un día que todo acaba.

Ahí es cuando regresamos al ostracismo de la antigua Grecia. Como los académicos sabían demasiado, no eran bien vistos. A los pitagóricos los atenienses les incendiaron el lugar donde enseñaban. Se han quemado libros.

Por eso es que en respuesta, los herederos de Heráclito diseñaron todo un sistema filosófico, hoy llamado científico, un lenguaje especializado, para el que muchos mortales no tienen acceso. Porque les cierran las puertas en la universidad o la exigencia una vez adentro es agotadora.

Hoy en día se ha desdibujado ese escenario. Hay quienes escuchan música clásica y más tarde reguetón. Se han difuminado las fronteras entre la lógica o el sentido común y el saber epistémico o científico.

Y por eso, la muerte de José José es tan importante como la de Miguel León Portilla.

Sabemos que todos vamos a morir un día. Y que el tiempo se terminará, única y verdadera posesión del ser humano. Aunque unos fueron más famosos o populares que otros. Unos serán recordados y otros muy pronto olvidados. Sólo el tiempo lo decidirá.

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