Tropezón en Bolivia

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A ver, a ver… Parecía que nada empañaría el camino de Marcelo Ebrard, titular de Relaciones Exteriores, rumbo al 2024.

Su buena relación con el polémico gobierno de Donald Trump lo convirtió en una pieza clave entre México y Estados Unidos.

Dos hechos marcaron su paso por la diplomacia mexicana: evitar la aplicación de los aranceles a los productos mexicanos que ingresan al vecino país del norte y la aprobación del nuevo tratado comercial con todo y letras chiquitas.

Además, cerró la boca a los grupos contestatarios de izquierda; ni siquiera el diputado Porfirio Muñoz Ledo abrió el pico.

Pero el gozo se fue al pozo, dice refrán popular.

El precipitado asilo político a Evo Morales, tras su renuncia a la presidencia de Bolivia, sorprendió a todo mundo y en particular al gobierno de Trump, el cual, sin despeinarse, apretó las tuercas al presidente López Obrador para que lo expulsara de suelo mexicano rumbo a La Habana.

El mandatario mexicano quiso colgarse una medalla al estilo Lázaro Cárdenas o Luis Echeverría sin darse cuenta que son otros tiempos y otras las circunstancias.

Evo Morales cometió varios delitos en su país y en particular intentó reelegirse por cuarta ocasión mediante un escandaloso fraude, que documentó en tiempo y forma la Organización de Estados Americanos.

O sea, no es un perseguido político por sus ideas, sino un transgresor de las leyes de su país y por lo tanto debe estar tras las rejas.

No obstante esa circunstancia, el gobierno de López Obrador le dio trato de rey y permitió que usara suelo mexicano para incitar a sus seguidores a generar violencia y caos en Bolivia.

Y lo peor, que el gobierno de la 4T instruyera a la embajadora en Bolivia, María Teresa Mercado, a prestarse a cometer un acto delictivo contra los intereses del país anfitrión.

Y así resulta que la presidenta interina de Bolivia, Jeanine Áñez, reaccionó con la expulsión de la embajadora de México, María Teresa Mercado, así como de la encargada de Negocios y del cónsul de España en respuesta a un intento por sacar del país a varios allegados, presuntamente delincuentes, del expresidente Evo Morales.

Los hechos fueron interpretados por Bolivia como una injerencia flagrante por intentar sacar a los exministros Juan Ramón Quintana, Wilma Alanoca y Javier Zavaleta, quienes, junto a otros exfuncionarios, aguardan un salvoconducto que les permita asilarse en México. En la sede diplomática mexicana, situada en un exclusivo barrio al sur de la ciudad de La Paz, se encuentran nueve excolaboradores de Morales desde que renunciara el pasado 10 de noviembre tras casi 14 años en el poder y luego de una convulsión social contra las elecciones generales del 20 de octubre declaradas fraudulentas por los observadores internacionales de la OEA.

María Teresa Mercado, la embajadora mexicana calificada como non grata por Bolivia, fue señalada de cometer “conducta hostil” hacia la soberanía de Bolivia por el incidente en el que funcionarios de esa delegación diplomática iban en vehículos oficiales “encapuchados” y “presumiblemente armados”.

Y es que los exfuncionarios allegados a Evo Morales son señalados como operadores de lavado de dinero, narcotráfico y traficantes de armas salpicando al gobierno de izquierda español y mexicano.

Se dice que esa operación fallida de la diplomática María Teresa Mercado fue auspiciada por el canciller Marcelo Ebrard y avalada por el presidente López Obrador; es decir, la señora Mercado no se maneja sola.

El tema es una papa caliente. Y desde luego Washington prendió los focos rojos por todas las implicaciones que pudieran derivarse, en particular porque funcionarios de alto nivel de México y España pudieran estar involucrados en hechos delictivos graves.

A Marcelo Ebrard, al parecer, se le ha espantado el sueño, pues Trump pudiera cambiar su percepción sobre su persona. Seguiremos informando.

 

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