UAGro, ISR, grilla y gestión

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El descontento natural por el descuento a los ingresos económicos de los trabajadores de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAGro), debido al gravamen con el Impuesto Sobre la Renta (ISR) a las prestaciones como bonos y primas, despertó inquietud pero no la movilización de quienes buscaron, en ese contexto, medrar con la inconformidad y llevar agua a su molino. En la UAGro con la afectación del pago del ISR tuvo una disyuntiva, la grilla o la gestión, y se privilegió esta última.

Quienes hicieron grilla, se manifestaron naturalmente en contra del pago del ISR. Sin embargo, reveló su carácter cuando en lugar de protestar en contra de los diputados que aprobaron la reforma de finales de 2019 y hecha pública en marzo de este año en que se prohíbe la condonación de impuestos, como venía ocurriendo anteriormente, sí lo hicieron en contra de la administración central de la UAGro. Esa reforma a la Ley del ISR implicó que se dejara de condonar el cobro del impuesto a las prestaciones y se aplicara a todos los ingresos económicos como ocurrió en la segunda quincena de julio a los empleados de la Universidad.

 

El llamado a la movilización se mostró como politiquería cuando en lugar de protestar en contra de la reforma legal buscó desacreditar a quienes tienen la responsabilidad de aplicar la ley, es decir, a la administración universitaria, que durante años con gestiones logró evitar la aplicación del ISR a todos los ingresos; cuando ya no pudo hacerlo, por la reforma legal de 2019, se tuvo que plegar a la nueva normatividad y a la exigencia del Sistema de Administración Tributaria (SAT).

 

El SAT amenazó a la administración universitaria de sancionar con la retención del subsidio a la UAGro de no aplicar y reportar el cobro del ISR al ingreso de los trabajadores, esto era al salario y otras prestaciones. La UAGro tenía enfrente a la espada y en la espalda la pared, ¿qué era mejor cobrar y reducir con ello los ingresos de los empleados o no cobrar y no recibir el subsidio federal?, ¿lo menos por lo más?, ¿qué puede ser lo menos y qué puede ser lo más?

 

La administración y los sindicatos tuvieron que decidir en conjunto y en unidad porque era necesario para hacer frente a otras gestiones menos riesgosas que lanzarse a la calle con todo un repertorio de protestas como se hizo en el pasado cuando el Gobierno federal suspendió durante un año el subsidio para la Universidad. Contener a los universitarios no fue nada fácil, pero se logró; aun cuando hubo quienes insistieron en la vuelta a la idílica universidad combativa de aquellos tiempos que no son los mismos tiempos que ahora.

 

El qué hacer se resolvió por la gestión conjunta, a través de la petición y la demostración de la transformación universitaria en una de calidad. El rector de la Universidad, Javier Saldaña Almazán, con los dirigentes sindicales de académicos y administrativos, Ofelio Martínez Llanes y Brenda Alcaraz, respectivamente, gestionan en unidad. Ellos se decidieron, en la disyuntiva, por la gestión.

 

En una carta pública, destinada al presidente Andrés Manuel López Obrador, al gobernador Héctor Astudillo Flores y a la comunidad universitaria, hablan de las afectaciones por el gravamen a la economía de los universitarios, el reducido subsidio por alumno, que es el más bajo del conjunto de las universidades estatales, y que impacta en todos los rubros del quehacer institucional, incluido los salarios.

 

En su misiva a las autoridades, Javier Saldaña, Ofelio Martínez y Brenda Alcaraz solicitan la reducción del ISR, un salario equitativo que permita continuar los trabajos de transformación, así como un incremento salarial emergente a los trabajadores universitarios.

 

Evidentemente que los tiempos que vivimos no son los mismos que la década de los 80. En aquellos ayeres no había salida posible si no era acompañada por la lucha social y todo tipo de acciones de protesta. Son otros tiempos y como tales hay que asumirlos. Sin duda alguna, la decisión tomada por el rector de la UAGro y los dirigentes sindicales de gestionar es la mejor que se pudo haber tomado.

 

O al menos que se piense que no recibir el subsidio como amenazó el SAT sea mejor a una reducción del salario.

 

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