¡Uhm! Lo mismo de siempre

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¿Usted cree que algún gobernante, estatal o municipal (de esos que desde en campaña dicen cosas sin coherencia, que prometen y hasta dizque se comprometen)realmente quiere solucionar los problemas vitales de Acapulco? Los políticos encumbrados en el poder se vuelven amnésicos porque pregonan a voz en cuello que conocen los problemas de Acapulco y pasan los años, los trienios y sexenios y no resuelven nada.

 

Ya pasó la moda del paracaidismo, pero el transporte, la vialidad, los vendedores establecidos en la vía pública y playas, los destrozos de las calles, lo mismo a pasajeros de camiones urbanos y a ciudadanos y comerciantes, los homicidios de los urbaneros, la complicidad policiaca, la vagancia y delincuencia infantil. Los peculados, las injusticias, la proliferación de “cantinas-restaurantes”, la multiplicación de locales con “jueguitos” electrónicos (los que inducen a la comisión de conductas antisociales), el casi nulo apoyo a las escuelas rurales y rematamos con el nuevo aumento al precio del “servicio” de las chatarras, con música infernal, llamados “urbanos”, que amafiados y confabulados con las autoridades del transporte y con quién sabe cuántas otras gentes del Gobierno estatal, no perdieron el tiempo en desear a la ciudadanía bienestar. Son estos, algunos de los grandes problemas de la ciudad que no se ocupan de resolver, sino todo lo contrario. De esos regidores y diputados que son lindos adornos para las oficinas, nunca se advierte sus funciones.

 

Ya es tiempo de ver los logros. Los vendedores de las playas son cada vez más numerosos, pero más molestos para el turismo. En cierta manera ya empiezan a ser tradicionales y folclóricos. Ya se conciben como parte de las playas. No los pueden frenar, porque simplemente no les podrían dar empleo por otro lado. Por lo menos ganando lo que obtienen en las playas, en algunos casos con fraudes y engaños y consecuentemente ahuyentado al turismo.

 

Los “urbaneros” parece que han disminuido las muertes por atropellamientos. Si le temieran a “Dios” o a la cárcel, tomarían más precauciones, no andarían compitiendo en carreritas, no se colocarían en doble fila, a lo mejor hasta andarían aseados y uniformados. Pensar en la reducción del número de unidades automotrices “al servicio del público”, es lo mismo que pensar o desear en que los gobernantes no utilicen el poder para enriquecerse. Consecuentemente, nada va a cambiar, en beneficio de la ciudadanía, del turismo y, claro, del puerto.

 

La basura. No recuerdo una sola campaña de cualquier candidato que para llegar al poder no haya mencionado a la basura (y los baches que la actual presidenta empezó a tapar algunos) como un problema prioritario para Acapulco. Pero dije: “mencionado”, porque no ha habido propuestas concretas, realizables, prácticas y objetivas. Quizá no solamente tendrían que aumentar tanto el conjunto vehicular, sino eliminar los vicios de los trabajadores de limpia y quizá al propio “sindicalito” (son varios) de corruptos. La ciudadanía no ha recibido aún ningún informe al respecto. No todo está igual, seamos optimistas; el puerto tiene muchas áreas, cada vez más sucias y, además, de que hay estúpidos que riegan la basura por las calles, caídas intencionalmente desde sus vehículos en marcha.

 

La inseguridad sigue siendo y será, otro de los factores que repercuten grandemente en el demérito y la depreciación de Acapulco como lugar turístico. Asaltos, robos, engaños al turista, tratos despóticos, baja calidad en los servicios dirigidos a ellos, rematando con la no solución de sus problemas por parte de las tantas oficinas inventadas para, eso sí, vivir del cada vez más escaso turismo principalmente internacional. Ahora en época de pandemia, los problemas deben ser mayores.

 

FIN.

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