Un Estado conchudo

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¿México tiene un “Estado fallido” o a un “Estado conchudo” que no ata ni desata? Vayamos por partes:  ¿Qué es el Estado? El Estado es un ente poderoso que a todos impone y aplica las leyes por igual, garantizando a todos los ciudadanos de una nación o un territorio la vida y sus bienes. El Estado se conforma por leyes, gobierno e instituciones y si alguno de estos tres pilares falla, el Estado queda secuestrado por oligarquías económicas y políticas o por bandas criminales. En el 2009 causó mucha comezón en el gobierno de Felipe Calderón, ese que por aquellos años solía empinarse hasta 11 caballitos de tequila en ¡hora y media!, la acusación del gobierno norteamericano en el sentido de que “México tiene un Estado fallido”, incapaz de hacer frente a las mafias criminales del narcotráfico que tenían secuestradas a cuando menos media docena de entidades de la República, entre ellas Baja California, Chihuahua, Sinaloa, Durango, Michoacán y Guerrero.

 

Sin embargo, ese Estado fallido o conchudo que todo dejaba hacer y pasar a las mafias criminales quedaría evidenciado desde el régimen salinista, cuando el hermano mayor del presidente, Raúl Salinas, era el contacto que el Estado mexicano tenía con los más poderosos narcotraficantes como el colombiano Gilberto Rodríguez Orejuela y Amado Carrillo “El Señor de los Cielos”. El semanario PROCESO documentaría puntualmente las encerronas que el hermano incómodo del presidente tenía con esos capos en su Rancho “Las Mendocinas”, en el Estado de México y de cómo las bandas criminales contaban con semáforo verde todos los jueves sin ser molestados a lo largo y ancho del país.

 

Hoy, el Estado mexicano sigue siendo fallido, secuestrado y en plena conchudez que deja hacer y pasar a las mafias criminales, e incluso, a organizaciones sociales que bajo el disfraz de luchadores o defensoras de los derechos humanos se aprovechan de ese Estado fallido o conchudo para hacer que impere su ley.  Desde hace una semana ha sido noticia nacional e internacional, el secuestro del edificio de la CNDH en Cuba n.º 60, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, donde diversos colectivos se han radicalizado advirtiendo que van por todo o nada, hasta que la CNDH, convertida hoy en una oficina más del presidente López Obrador, intervenga para que autoridades estatales, municipales y federales les hagan justicia.

 

Todo comenzaría con una mujer potosina que se amarró a una silla y al grito de “¡de aquí no me sacan!”, iniciaría una protesta para exigir que los dueños de una escuela particular vayan a la cárcel por haber violado a su niña hace tres años, pues el gobierno potosino ni la ve, ni la oye. Pronto se sumarían otras madres agraviadas por ese Estado fallido o conchudo y seguirían las madres y colectivos de mujeres que sin ningún pudor ni decencia se apoderaron del edificio de la CNDH y comenzaron a vandalizar expedientes y pintarrajear cuadros históricos como el de Pancho Villa, Benito Juárez, el cura Hidalgo, Madero y tal y tal. Al enterarse, AMLO montó en cólera por los daños causados al cuadro del apóstol de la democracia, en lugar de mostrar empatía por las víctimas, a las que el presidente está obligado a ofrecerles una disculpa pública, a razón de ser parte de un Estado fallido o conchudo que no garantiza ni las vidas, ni los bienes de los ciudadanos de la nación azteca.

 

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