Un México convulsionado

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El 14 de febrero de 1824, mediante un histórico plebiscito, Chiapas se anexó formalmente a México después de formar por tres siglos parte de los Estados centroamericanos, pero en particular bajo el predominio militar de Guatemala. Desde 1821, y durante el imperio de Agustín de Iturbide, Chiapas se mantuvo prácticamente como una flor al viento: ni era de México, ni era de Guatemala. Lo curioso de dicho plebiscito es que mientras el Congreso mexicano ya había autorizado la anexión de Chiapas a la nación azteca, en territorio chiapaneco se celebraba apenas la consulta popular y de las 25 provincias que integraban el estado de Chia-pas, 13 de ellas votaron por la anexión a la naciente República Mexicana. El voto número trece correspondió a Simojovel y con ello el estado de Chiapas volvió al redil mexicano, por un voto.

El 4 de marzo de 1840, y ante el desasosiego político que prevalecía en la naciente República Federal Mexicana, el estado de Yucatán decidió poner su mundo aparte independizándose de México, principalmente por la visión centralista y autoritaria de Antonio López de Santa Anna, tan parecida como la que hoy ejerce Andrés Manuel López Obrador, quien ha vuelto a convertir a México en el país de un solo hombre y con un divisionismo que amenaza con el colapso del fe-deralismo. Esta semana 10 gobernadores que conforman la llamada Alianza Federalista lanzaron un ultimátum a AMLO para que los escuche, o de lo contrario amenazaron con poner su mundo aparte y hacer que México se convierta en una nueva Rusia y haga volar en pedazos el federalismo que dio origen al México post independiente.

l amago de los 10 gobernadores que están en pie de guerra aceptaron el reto de López Obrador de someter a consultas populares la permanencia, o no, de los estados inconformes y el pasado martes 27 de octubre, los mandatarios de Jalisco, Enrique Alfaro Ramírez; Silvano Aureoles Conejo, de Michoacán y Jaime Rodríguez Calderón, de Nuevo León, pusieron manos a la obra y la respuesta de los ciudadanos es abrumadoramente en favor de poner fin al ponzoñoso presidencialismo centralista que encabeza López Obrador, pues consideran que estamos ante “un gobierno grosero, insensible, inequitativo en el reparto presupuestal y autoritario”.

El asunto es muy delicado, pues no solo se trata de un tema económico, sino principalmente político porque, aunque los “gobernadores rebeldes” amenazan salirse del pacto fiscal federal, automáticamente se trastocaría el pacto federal que dio origen en 1824 y ratificado en la Cons-titución de 1857 de una República federal y para ello, tendría que llevarse a cabo una reforma constitucional que provocaría un monumental desgaste político y emocional de los mexicanos y todo a raíz de una visión torpe y miope de AMLO por mantener dividida y enfrentada a la socie-dad mexicana.

 

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