Un México sin partidos

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Durante la contienda electoral, simpatizantes de Morena manifestaban su deseo de acabar con los partidos nacionales, como el Revolucionario Institucional, Acción Nacional y el de la Revolución Democrática; después de las elecciones, como resultado de estas, el presidente Andrés Manuel López Obrador criticó a la clase media de la Ciudad de México a la que tildó de egoísta y por último aseguró que los partidos de oposición no tenían candidato para las elecciones de 2024.

La narrativa oficial, desde la Presidencia de la República, seguida por los simpatizantes, es la desaparición del sistema de partidos políticos en el país, lo cual implica diversas opciones y muy necesarias para que tanto las minorías como las mayorías estén representadas. En ese mismo contexto está ubicándose la propuesta de desaparecer las diputaciones plurinominales, porque en el discurso justificatorio se asegura que estos legisladores no representan a nadie.

Lo que se ofrece desde esta perspectiva es el retorno al pasado. En el proceso electoral de 1976, José López Portillo fue el único candidato a la Presidencia de la República por el PRI, en tanto que el PAN no pudo registrar a nadie por conflictos internos; y el Partido Comunista Mexicano, que no tenía registro como partido, presentó a Valentín Campa. Eran los tiempos de partido único en México, en donde el PRI se llevaba todos los cargos de elección popular.

A pesar de la presencia de otros partidos, la hegemonía priista lograda a través de demasiados controles en manos del gobierno, emanado del PRI, impedía el arribo de colores partidistas a los espacios de decisión por la vía de los votos. Sin embargo, debido a esta circunstancia se inventaron los diputados de partido que ahora se conocen como plurinominales, a los cuales se quiere desaparecer.

El argumento de que no representan a nadie, sino a las cúpulas partidistas, es el afán descalificatorio para un actor necesario dentro del debate político.

Por otro lado, la aseveración cierta, y por eso preocupante, que ha hecho el presidente López Obrador de que no hay candidateables para el 2024, indican la falta de opciones, pero no necesariamente quiere decir que la gente no busque otras expectativas, sobre todo aquellos que no ven a Morena como una elección racional.

El sistema de partidos significa la división natural de un país, en la que cada quien busca su parte a la cual pertenecer. El pueblo no significa que todos comulguen con una sola idea, eso es propio de las dictaduras o de los totalitarismos.

El presidente ha hecho una división basada en sus esquemas mentales, el del conservadurismo y el pueblo. Y por ello pasó a atropellar a la clase media que no votó por su partido en la Ciudad de México, y la acusó de ser egoísta y aspiracionista, entre otras cosas. Sin embargo, este sector poblacional históricamente ha encabezado los movimientos sociales que logran cambios en cualquier país y en México también lo ha hecho, desde finales de los 50, con las movilizaciones de los telegrafistas, ferrocarrileros, médicos y maestros, y a finales de los 60 con los estudiantes.

Pero al final de cuentas es la clase media sobre la que recae el peso económico de todas las iniciativas del Ejecutivo, pues son estos asalariados los cautivos para el pago de impuestos, tanto de la renta (ISR) como del consumo (IVA), o el pago de viviendas (Fovissste e Infonavit), quienes han mostrado sus diferencias con el rumbo que ha tomado el país con López Obrador y solo han recibido descalificaciones como respuesta.

Aunque la sensibilidad de la época ha tachado de clasista que los sectores clasemedieros voten en contra de Morena, y los marginados a favor de ese partido, esto siempre fue una variable considerada para los estudios de los resultados electorales. Que se manifestaba con la hipótesis que a mayor desarrollo económico más votos en contra del PRI; y a menor desarrollo económico más votos a favor del PRI, encontraba su explicación en el manejo de los programas y recursos del partido en el gobierno.

Nada más, pero tampoco nada menos. Lo que se cambió fue el partido en el poder, pero las prácticas y anhelos de la clase política que dirige son las mismas de hace 40 años.

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