Un millón de amigos

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Los movimientos en torno a las contiendas electorales del 2018, que serán de nueva cuenta concurrentes, porque se elegirá a presidente de la República, senadores, diputados federales y locales, así como los ayuntamientos, atraerá también la guerra de cifras. La numeralia exagerada se presentará en encuestas, adhesiones y manifestaciones, y como es de cada proceso esos números serán motivo de discordia y descalificación. Una de las disputas más continuas son los asistentes a mítines de apoyo, y es ahí donde todos presumen tener un millón de amigos.

Lo que para Roberto Carlos era un ideal de tener un millón de amigos para más fuerte cantar, para los candidatos a alguno de los cargos en disputa es una constante, en cada acto deducen que se reunieron un millón de simpatizantes que lo llevarán al triunfo electoral, aunque a la hora del conteo no lleguen ni a los diez mil.

Esta lucha por la numeralia no es exclusiva de México, y siempre es motivo de discusión. El 3 de octubre pasado, el encargado del “Libro de estilo” del periódico español El País, Alex Grijelmo, hace una serie de apuntes precisamente alrededor del polémico tema, refiere que ese diario fue el primero en aplicar un método para medir la asistencia a las manifestaciones y detallado en el libro, la metodología consiste en verificar la superficie ocupada y multiplicarla con un número de tres personas por metro cuadrado.

Otra empresa, denominada Lynce y citada en su artículo emplea un sistema de conteo que desarrolló, basada en fotografías cenitales en alta resolución, tomadas con avionetas, con zepelín o desde edificios altos, con ampliaciones para contar cabeza por cabeza, con número a cada persona, en el que se considera el margen de error por las personas que no se ven por estar debajo de árboles o lugares cubiertos.

Huelga decir que tanto El País como la empresa Lynce, no resultaron bien vistas por los organizadores de manifestaciones que querían mostrar un músculo, exagerando las cifras de los asistentes a movilizaciones. Estos cuestionaban los números de quienes lo hacían con un método científico. La empresa Lynce fue contratada para cubrir manifestaciones en Paris y en la propia España. Y claro que quienes la contrataron sufrieron la descalificación por su método, pero que tampoco ofrecieron otro mecanismo para dar mayor certidumbre al conteo de personas.

Sin duda la aparición de nuevas tecnologías de la información y comunicación, como es el caso de los drones que podrán tomar fotografías cenitales, pudiera servir para estimaciones de asistentes. Pero de nueva cuenta, al igual que muchos de las fases de una elección, en la que los participantes no están de acuerdo con los resultados, sobre todo si no les son favorables.

Sí el cómputo de los resultados electorales no les resulta satisfactorios, por lo general a los perdedores, y se lleva al recuento –tres y cuatro si hay recuento por impugnación o por oficio—mucho menos tendrá alguna validez una fotografía en que se considere que hay una cifra menor a la que ellos manifiesten.

La metodología de El País se extendió rápidamente como un mecanismo de referencia para la estimación de los asistentes a una manifestación, no así con el método de Lynce, que podrían ser usado recién por los drones. Pero al final de cuentas, será muy difícil que la estimación científica de asistentes a una actividad sea reconocida, sobre todo cuando estén empeñados en asegurar que ya tienen un millón de amigos.

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