¿Un mundo feliz?

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“Un mundo feliz” lo encuentra en un clásico de la literatura utópica, novela del británico Aldous Huxley.

En un mundo de la realidad efectiva, de lo que se vive y padece, ya no corresponde la utopía como concepción imaginaria de una sociedad ideal con la felicidad que se anhela como algo utópico o irrealizable para una mayoría de seres privados de bienestar y salud.

Se desea la felicidad, que es dicha, suerte y fortuna para los que enfrentan males o sufren una infeliz existencia por todo lo adverso que les toca vivir.

La calamidad, desgracia o infortunio, toca las puertas de hogares en penosa situación de lo más elemental que carecen: bienestar, salud y seguridad contra males que acechan en una oscuridad existencial.

El brote de coronavirus en China, y propagado a otros destinos geográficos con gran número de muertos y contagiados, trastorna la normalidad con sentimientos de inquietud, angustia y asombro por terrible mal en un mundo trágico.

“Un mundo feliz”, de Huxley, describe un centro en Londres “donde se incuban artificialmente los futuros seres humanos”. Incubación, de la fecundación y la formación de un organismo, del cuerpo humano que resulta afectado por un virus patógeno, nocivo, que desencadena las enfermedades.

Los hospitales, públicos o privados, son vitales para la salud y vida de enfermos hospitalizados. El IMSS, el ISSSTE, hospitales y clínicas, en tiempo crítico como mal que agudiza o la enfermedad aguda, de evolución rápida, enfrentan carencias de medicamentos, indispensables para un tratamiento curativo de enfermos.

La enfermedad se agudiza como el alarmante coronavirus; aumentan enfermos que llegan a urgencias de hospital o clínica o pacientes internados. El gobernador Héctor Astudillo Flores informó que se entrega material a hospitales generales (Novedades, 23 de marzo).

Y, con ironía, Huxley traza el esquema de “un mundo feliz” sin sufrimiento físico. Y, según, “la vida mecanizada origina un estado en el que todo lo resuelve la ciencia, con ciudadanos disconformes que son tratados como enfermos”. Un Londres utópico en “un mundo feliz”.

¿Qué nación no está contaminada por un epidémico virus que es causa de muerte? Y “Muerte sin fin”, de José Gorostiza, alusivo al “escenario brutal de la discordia que nutre vida y muerte inconciliables”.

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