Un obispo

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Érase un obispo de nombre Salvador Rangel que deseaba trascender. Llegó a una región muy pobre y empezó a reunirse con su feligresía más necesitada. Los más pobres de los pobres.

Pero esas reuniones no llamaban la atención de la opinión pública.

Buscó otros reflectores y se hizo de palabras con algunos funcionarios del gobierno estatal. Hasta que fueron satisfechas sus peticiones. Se quedó en silencio por varios meses.

Luego dijo que se había reunido con personalidades del crimen organizado, con el objetivo de evitar más asesinatos. Esto sí que llamó la atención, no sólo de actores políticos locales, sino nacionales.

Había logrado trascender.

Sus ruegos, al parecer no fueron atendidos porque la inseguridad disminuyó poco.

Después, ante unos feminicidios se atrevió a calificar a las víctimas. Les dijo prostitutas y que eran vínculo de algunos malandrines.

Organismos de mujeres, de género y de Derechos Humanos levantaron la voz de protesta ante esas difamaciones. El obispo quiso rectificar y culpó a reporteros de tergiversar sus declaraciones.

La respuesta fue muy sencilla; dejaron correr las cintas de grabación. No había duda, el obispo Rangel si dijo lo que dijo.

Solito se había golpeado (políticamente) en la cabeza. Estaba zaherido. Como todo político, encontró la reivindicación.

Regresó la cinta de su actuación política y ahora nos comunica que se está reuniendo con grupos del crimen organizado para buscar un armisticio para diciembre.

Aquel tema que le dio fama, hoy le da una revolcadita y lo actualiza.

Habría que recordarle al señor obispo que esos grupos, sin necesidad de algún acuerdo con otros poderes, en esa temporada aplican la tregua.

En fin, el señor obispo sólo busca reflectores.

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