Un poco de humor…

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Redactar una columna en tiempos del coronavirus, cuando este ataca al mundo entero (menos a México, según AMLO), implica un complejo y cuidadoso desafío profesional. Desde un principio entendí que debía apartarme del análisis de fondo pero sin perder de vista que el contenido no podía ser frívolo ni solemne ni cínico por aquello que decía Oscar Wilde: “Un cínico es un hombre que conoce el precio de todo y no le concede valor a nada”. Si al terminar la lectura hubiera yo arrancado al lector al menos una sonrisa, habría justificado mis objetivos.

Imposible olvidar cuando Díaz Ordaz, refiriéndose a un severo daño en los ojos, le comentó a López Portillo siendo ya jefe del Estado Mexicano, “fíjese usted, don José, yo creo que Echeverría es el poder tras el trono porque todavía sigo viendo dos presidentes”. ¿Qué tal cuando Álvaro Obregón se encontraba en la “Quinta Chilla”, su rancho en Sonora, durante el gobierno de Calles y le preguntaron por qué razón se había ido tan lejos apartándose de la civilización? “Yo no estoy lejos”, repuso don Álvaro poniéndose de puntitas, “desde aquí sigo viendo la Presidencia de la República”.

Cuando al propio Obregón le amputaron el brazo derecho al combatir a los villistas en 1915, lamentó, al despertar, la pérdida de su miembro por dos razones: “Una, ahora estoy en desventaja en relación a mis colaboradores, puesto que ellos cuentan con dos manos para robar en el gobierno y yo solo una, lo cual es una pena que me obligará a ‘trabajar’ el doble; la otra, así como quedé de tullido, únicamente le podré agarrar una sola nalga a mi vieja”.

Filosofía es la ciencia por la cual, con la cual y sin la cual te quedas tal cual… Soy el orgullo de mi abuela, quien es la vergüenza de la familia… Un minuto de silencio… un segundo de descuido… un hijo… Le pregunté a mi madre sobre la identidad de mi padre y ella me contestó: “Pero qué sé yo, había tanta gente”. Ahorre agua, báñese en pareja… Amaos los unos sobre los otros… La mayor perrada que le puedes hacer a quien se haya llevado a tu mujer es dejársela…

Una esposa norteamericana demandó el divorcio a su marido mexicano. Para efectos de la pensión que el juez debería concederle a la “pobre” mujer, esta esgrimió los siguientes argumentos: “Mi marido hizo el amor conmigo 753 veces en 15 años y, si una prostituta media cobra sobre unos 300 dólares por sesión, concediéndole a mi esposo un descuento del 50 % y entregándole mi cuerpo por 150 dólares por noche, él me debería 112,950 más sus respectivos intereses, los mismos que su señoría debe fijar a una tasa promedio anual del 8 %… además, lavé su ropa interior, sus camisas, calcetines, playeras y planché sus trajes, le hice el desayuno, la comida y la cena y lo consolé de cuanto fracaso tuvo en su carrera. De esta suerte, su señoría, tomando en consideración lo que vale en cualquier lavandería la limpieza y planchado de unos calzones a razón de 50 centavos de dólar la prenda y calculando que los lavé durante 5,475 días que duró nuestro matrimonio, mi marido me debe 2,737 dólares solo por ese concepto… Si sumamos todos los servicios recibidos durante 15 años, me adeuda 253,987 dólares sin incluir las sesiones psicológicas a las que me presté para rescatarlo de las depresiones cuando los negocios marchaban mal. Si cada consulta con un analista de Nueva York cuesta 300 dólares a razón de tres veces por semana…”. El juez hizo cuentas de lo que le podrían costarle a él mismo semejantes servicios, por lo cual, compadeciéndose del marido ultrajado y para no sentar precedente, relevó al infeliz cónyuge de todos sus cargos declarándolo absolutamente inocente como todos los esposos…

¿Más? La cultura griega floreció mucho porque llovió mucho en aquella época… El campo es un lugar donde los pollos se pasean crudos… La Primera Internacional fue la primera reunión internacional de todos los países…

La risa es el mejor ejercicio para las arterias, ¿usted ya sonrió al menos el día de hoy? Vale la pena intentarlo. Las pesadísimas cargas provenientes del coronavirus y de la irresponsabilidad presidencial pesan menos con un poco de humor un tanto cuanto inconsecuente…

Apartado del análisis de fondo, este texto habría justificado sus objetivos si al final arranca una carcajada.

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