Un reprobado en historia

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Primero, AMLO salió con que el nombre de la esposa de Benito Juárez fue doña Carmen Romero Rubio, que en realidad fue la cónyuge del archicondecorado general José de la Cruz Porfirio Díaz Mori, el benemérito estaba casado con doña Margarita Maza. Lamentablemente, los historiadores tuvieron miedo de confrontarse con el presidente y, en el caso de los periodistas, muy pocos le entraron al asunto porque no saben de historia; sabido es que la historia es la memoria de los pueblos y un pueblo sin memoria es un pueblo sin historia.

Sin duda que AMLO, si en este momento fuese a la nocturna, ya habría sido reprobado porque en su enfermizo afán de dividir a los mexicanos, tomando como ejemplo la infame estrategia propagandística de Adolf Hitler de hacer de los judíos el enemigo común de los alemanes y de toda Europa, López Obrador arremete a tiro por viaje contra los “hipócritas conservadores fifís de México” haciéndolos ver como el enemigo común de todos los mexicanos, a los que culpa de todos los males de la nación azteca, incluyendo los feminicidios, esa barbarie que hoy se está convirtiendo para su gobierno en un monstruoso torbellino que haría peligrar su estancia en Palacio Nacional. Para AMLO, detrás de los 10 u 11 feminicidios que ocurren diariamente en el país, estaría la mano pachona y metichona de Felipe Calderón. ¡Qué acusación tan a la ligera y qué perversidad para confundir a los mexicanos!

En otra histórica metida de pata, AMLO habló la semana pasada de que a Madero lo derrocaron y asesinaron los conservadores fifís y a su hermano Gustavo A. Madero lo torturaron también al grado tal de sacarle un ojo. AMLO identifica a los “científicos de la derecha” como los perros del mal, pero sospechosa y perversamente le saca al bulto cuando omite que el complot para derrocar y asesinar a don Panchito I. Madero se llevó a cabo íntegramente en la embajada norteamericana en México y el siniestro embajador Henry Lane Wilson fue quien llevó la batuta secundado por el usurpador Victoriano Huerta y otro traidor llamado Aureliano Blanquet. De eso no dice ni pío el presidente y ese es el meollo de la conspiración que acabó con Madero y el vicepresidente José María Pino Suárez.

Aquí se ve a leguas el dolo de AMLO por dividir a los mexicanos culpando exclusivamente al que él considera que es el enemigo común: “los conservadores fifís”, que hoy militan en el PAN y en la Iglesia católica y entre los cúpulos empresariales y las poderosas oligarquías políticas y del dinero en México, pero también se ve que a Estados Unidos no lo toca ni con el pétalo de una rosa. ¿Qué le parece estar de rodillas ante el tío Sam?

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