Un rey con la BOA

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A VER, A VER… Érase una vez, un rey al que todo le salía mal, en un pueblo, dinámico, trabajador, con futuro…

El rey con frecuencia confundía milanesa con la mayonesa y la calabaza con la mostaza. Su nombre era muy largo: Agapito Orquídeo Fernández de la Borbolla y García. Por lo tanto exigía lo llamaran Macus. Esto último por ser originario de un lugar llamado Macuspana.

Habitaba en un hermoso palacio estilo francés, al puro estilo de Luis XV o Luis XVI. Era muy madrugador. Se levantaba a las cinco de la mañana. Desayunaba algo ligero y esperaba a sus vasallos o colaboradores para leerles la cartilla y darles línea de sus quehaceres oficiales, aunque les cambiaba la jugada con frecuencia.

Una hora después se trasladaba a otro amplio salón del palacio, donde lo esperaban 50 mensajeros o reporteros, con una que otra foca aplaudidora, a quienes no solo regañaba, sino lo peor, dormía con sus discursos de historia, pues confundía los nombres de los bisontes con elefantes.

Después de esos dos eventos, el rey se adentraba a sus habitaciones y nada se sabía de otras labores que realizara durante todo el día, salvo cuando iba de paseo por algunos lugares aledaños para oler el incienso que le quemaban. Pero un buen día, algo ocurrió. Esta es la historia.

Reunido con sus escribientes favoritos en un amplio salón, ordenó elaborar un documento donde fueran señalados los “conservadores” como golpistas contra su gobierno y así victimizarse ante su pueblo que ya no le creía nada.

Para colmo de males, los habitantes estaban muriendo de hambre y por una peste o virus color amarillo de ojos rasgados.

Había que hacer algo para distraer a la población.

Al documento ya concluido le faltaba el nombre de una organización que aglutinara a todos. Y el humo empezó a salir de su cerebro.

-Chachalaca, no; el ganso veloz, no; los zopilotes carroñeros, no… Ah, ya está: BOA, Bloque Opositor Amplio…

Y sin más, ordenó a uno de sus súbditos con el que acostumbra desayunar, publicar el documento en uno de los principales rotativos del pueblo.

Así, el enviado llegó a las oficinas de un periódico de circulación nacional para pedir el favor, con una amenaza velada de por medio.

-Señor director, traigo este documento; es una papa caliente, es una exclusiva, para que ustedes la publiquen como “cosa suya”… Tras decir lo anterior, entrega el escrito de cuatro cuartillas, donde se menciona a varias personas entre empresarios, periodistas, analistas, historiadores, políticos, incluyendo al rotativo que pretendían destronar al rey

-Como noticia es una bomba, dice el director del diario, pero no hay “fuente”. ¿Quién lo firma, usted o su grupo?

-De eso se trata, dice el prominente vasallo. Su diario debe presentarlo como un trabajo de investigación. El rey a cambio le dará un estímulo generoso y olvidaremos las ofensas.

-¿Cuáles ofensas? Nosotros antes de publicar las noticias verificamos su autenticidad… respondió el director.

-Bueno, no olvidamos el video que difundieron sobre Eva Cadena, embarrando al rey y la Nahle…

-Le repito: Aquí publicamos noticias, con nombre y apellido; no rumores… Dígame a quién le firmamos ese documento y le damos luz verde…

El vasallo al darse cuenta que nada lograría, salió del rotativo con la cola entre las patas. Y se dirigió a las oficinas del rey.

-¿Qué pasó; qué te dijeron? Preguntó. Y el vasallo le contó su fallida visita.

-No importa, mañana lo damos a conocer como primicia ante los mensajeros.

 

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