Un sátrapa

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¿Andrés Manuel López Obrador es candil de la calle y obscuridad en su casa? No es ociosa la pregunta porque, mire usted: AMLO salió mas boliviano que mexicano. Con una sospechosa celeridad, AMLO reconoció, primero y antes que ningún gobernante de América Latina, el triunfo “democrático” de Evo Morales como presidente de Bolivia tras una cuarta reelección bien cochina. ¿Cuál era la prisa?

Después de que la OEA encontró que la elección presidencial en Bolivia había sido fraudulenta y que, ante la ola de protestas, Evo Morales se apresuró a convocar a un nuevo proceso electoral, AMLO volvió a felicitarlo y, antes que ningún otro gobernante de este continente, le ofreció asilo político en México so pretexto de ser un perseguido político y de que su vida estaba en peligro tras lo que llamó un golpe de Estado del ejército boliviano.

¿Fue un golpe de Estado? No, porque los militares solo advirtieron al mandatario que, ante la ingobernabilidad y la falta de cohesión social en Bolivia, producto de esas elecciones fraudulentas, lo mejor sería que renunciara. Evo Morales no aguantó el trote de las protestas, que dejaron cuando menos cinco muertos, tuvo que decir “Wood bye; si tienen tele ahí se ven”.

En rigor, López Obrador le ofreció asilo a un sátrapa que robo una elección presidencial para perpetuarse en el poder y resulta extraordinariamente chistoso e increíble que, mientras AMLO pregona una “austeridad republicana” que raya en austeridad franciscana que ha propiciado reyertas presupuestales con gobernadores y alcaldes del país, desabasto de medicamentos en hospitales y mortandad, además del cierre de miles de estancias infantiles con la consecuente violación a los derechos de la niñez, ahora resulta que los mexicanos tendremos que mantener a un sátrapa que intentó robar la elección presidencial en Bolivia para agandallarse otros cuatro años el poder.

El asunto del asilo político no se discute porque estamos ante un derecho humanitario internacional. Cualquier individuo que sea perseguido políticamente puede solicitar asilo en cualquier nación que sea garante de ese derecho. Lo criticable en el caso de Evo Morales es que estamos ante un presunto delincuente electoral, al que tendremos que mantener como si se tratara de uno de los expresidentes mexicanos, a los que, por cierto, AMLO los bajó del caballo presupuestal.

Tan solo el periplo del traslado de Evo Morales a México, que pudo haber derivado en un accidente aéreo porque varios países latinoamericanos se negaron a que el avión Grumman de la Fuerza Aérea Mexicana aterrizara en sus aeropuertos llevando a un sátrapa, nos costó, sí, a usted y a mí, unos ¡288 mil dólares! a razón de que la renta de ese aparato sale aproximadamente en 12 mil dólares por hora.

Con el asilo político a Evo Morales, López Obrador le manda un gran mensaje al Ejército mexicano diciendo sin decirlo que en México es improbable un golpe de Estado a pesar de la fracturada relación que existe entre el Ejército mexicano y el presidente de la República, quien hace cuatro meses advirtió “si por mí fuera, desaparecería al Ejército”. ¡Vaya afrenta a nuestros juanes!

Pero, en lo que son peras o son manzanas, los mexicanos tenemos que mantener un sátrapa, ladrón de elecciones y todo porque tenemos un presidente de la República candil de la calle y oscuridad en su casa.

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