Vacunas

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En 1796, el médico inglés Edgard Jenner desarrollaría la primer vacuna humana aplicándosela a un chiquillo y luego a muchos rancheros que convivían con las vacas, que transmitían contagios como la viruela. En todos los casos el éxito fue rotundo porque a los tres días sanaban las personas creando inmunidad. Sin embargo, 105 años después, su colega Luis Pasteur perfeccionaría dicha vacuna en Europa evitando que mucha gente quedara marcada en su cara y en su cuerpo para toda su vida como auténticos molcajetes cacarizos.

Antes, en 1803, Javier de Balmis, el médico de cabecera del rey Carlos IV, sería enviado por el monarca al Continente Americano y Filipinas para perfeccionar y propagar la vacuna contra la viruela, evitando que miles de niños murieran. Con un incipiente método, Balmis llevó a cabo una especie de vacunación escalera o de relevos, es decir, que cuando una persona era vacunada en el hombro, a las pocas horas comenzaba a supurar un líquido que el doctor Balmis aprovechaba para aplicar a otra persona y así llevó la cadena hasta Filipinas. A mediados del siglo pasado, la viruela, que durante la conquista de la gran Tenochtitlan mató a más de 800 mil nativos, quedaría desterrado de la faz de la tierra, aunque hoy se vuelve a hablar de algunos brotes de viruela en África.

 

¿Por qué hago historia?

 

Mire usted. Las pestes han sido a lo largo de la historia humana macabras y se cree que todo comenzó cuando el pueblo de Israel desobedeció las indicaciones de Jehová, dios que a través de la Ley de Moisés aconsejaba que cuando una persona fuese a defecar, debía hacer una sepa y tapar el excremento para así evitar enfermedades y contagios. Los israelitas desobedecieron y comenzarían a brotar enfermedades como la lepra, la viruela y otras.

 

Luego vendría la era de los virus que han puesto a la humanidad en jaque pues con el brote de pandemias como el VIH-Sida, el Ébola, el H1N1 conocida como la fiebre porcina y ahora el coronavirus dejan en claro que el actual sistema de cosas en el mundo, en sus últimos días sería azotado por mortíferas epidemias y plagas, como se relata en las profecías bíblicas.

 

Mucho se habla de que el virus del COVID-19 fue creado perversamente en laboratorio por alguna de las potencias que se diputan la supremacía global en materia económica, política y militar, pero nadie ha podido comprobar tal afirmación. Y mientras el mundo vive tronándose los dedos y con el Jesús en la boca, con una mortandad de 612 mil a nivel mundial, más de 40 mil de ellos en México por los que nadie quiere responder y por los que se les echa la culpa a los “conservadores”, es decir, medio Estadio Azteca, las potencias están abocadas a crear una milagrosa vacuna que ponga fin a la macabra peste.

 

Cuando menos media docena de naciones trabaja en la creación de una vacuna contra el coronavirus. Sin embargo, solamente tres proyectos han resultado esperanzadoramente exitosos. La Universidad de Oxford en asociación con AstraZeneca, han probado ya en más de mil personas que la vacuna norteamericana ha resultado con los anticuerpos suficientes para crear inmunidad. Otro tanto ocurre con la vacuna del gobierno chino en Wuhan que resulta prometedora porque se afirma que se podrá producir a gran escala, para todo el mundo; y la ciencia alemana no quiere quedarse atrás y tiene lista una prometedora vacuna y ahora solo faltaría ver cuáles serán las poderosas y ponzoñosas trasnacionales farmacéuticas de la muerte que se encargarán de vender esas vacunas en lo que marcaría una nueva etapa de coloniaje y de saqueo de los pueblos, porque es obvio que los principales clientes de esas trasnacionales serán los gobiernos como el de México que desde ahora anuncia que ya está formado en la fila y no, de las tortillas. Pero la gran pregunta es ¿cuántos millones de vacunas compraría el gobierno de López Obrador, catalogado en México y a nivel internacional como un gobierno negrero y cuenta chiles? ¿Sería capaz de comprar vacunas para más de 120 millones de compatriotas o solamente para la población que él mismo se ha encargado que la conozcamos como pejezombies o pejechairos?

 

Por lo pronto, surge una esperanza cuando comienza a verse al fin del macabro túnel del coronavirus, una pequeña luz de salvación.

 

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