Vacunas y pandemia

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Nos indicaron, desde el Gobierno federal, evitar reuniones familiares el 24 y 31 de diciembre a causa de la pandemia.

No hicimos caso y ahora nos encontramos en un contagiadero de cerca de 20 mil personas al día. El año pasado llegamos a un máximo de 8 mil. A fines de ese mismo periodo a 12 mil. Se ha elevado el contagio.

Es cierto, es nuestra responsabilidad por no evitar reuniones familiares en los festejos de fin de año.

También existen otras responsabilidades. Se informó de otra cepa, concretamente en Inglaterra. No tan letal pero sí contagiosa esa mutación. Algunos gobiernos cerraron sus aeropuertos o solicitaron a los viajeros constancia de vacuna contra COVID-19. México ni lo uno ni lo otro, bueno, ni siquiera filtros de revisión.

Los presidentes de otros países envían mensajes con imagen de cubreboca. El nuestro ha sido renuente, y hasta han dicho tanto el mandatario como el responsable de emitir juicios sobre el virus que “el trapo” no es útil. Cuando la misma Organización Mundial de la Salud le da la prioridad para evitar contagio.

Llegaron las primeras vacunas a México de Pfizer, cerca del medio millón (para 128 que somos), para el sector salud. Hubo, como en cualquier país donde subsiste corrupción, anomalías porque se vacunaron individuos que no eran de ese sector.

Sin embargo, existe otro problema, este a nivel mundial. No se está produciendo el medicamento como se requiere. Otra vez, la misma OMS sostiene que la demanda es exagerada ante la producción de vacunas. En sus pronósticos indica que en todo 2021 se estará aplicando la vacuna. Es decir, que necesariamente tendremos que seguir cuidándonos –con las medidas que se supone todos sabemos–.

En una de sus “mañaneras” (sin expresión en su rostro) pero contundente en expresiones, dijo que México había firmado contratos para la entrega de vacunas y que esas empresas estaban obligadas a cumplir. Las estaba amenazando.

Con la nueva posición verbal de “entregar vacunas a países más pobres” disfraza su primera posición amenazante a una conciliadora y adormecedora para sus seguidores.

La verdad es que las farmacéuticas trabajan a marchas forzadas, pero no quieren compartir las fórmulas con otras empresas porque esto representa una enorme ganancia económica. Aquí mi presidente ya no habla de que nos encontramos en medio de otro evento neoliberal, porque le podrían retrasar las vacunas.

La frase “entregan vacunas a países más pobres” sirve para aminorar el descontento de sus feligreses ante el evento electoral de junio. Se está curando en salud porque no se tendrá la cantidad de vacunas que él hubiera deseado. O sea, está tratando de ocultar su “firme” afirmación de cumplir su calendario de vacunación; frente a una realidad productiva de la cura.

No. No es problema del presidente mexicano la producción de vacuna. Lo que es embarazoso son sus dichos y que poco a poco van quedando al descubierto. Algo se está haciendo mal, pues la encargada del Plan de Vacunación, Miriam Veras, renunció.

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