Vetar transgénicos atenta contra 30 años de avance científico

Vetar transgénicos atenta contra 30 años de avance científico

Comparte con tus amigos










Submit

México.- Hace más de 40 años aparecieron las primeras técnicas de ingeniería genética, llamadas también de ADN recombinante. Con este tipo de herramientas, la biotecnología en todo el mundo tuvo a su alcance nuevos recursos para aislar genes específicos e introducirlos en otro organismo vivo y así generar los llamados organismos transgénicos o genéticamente modificados (OGM), que rápidamente llegaron al rubro agrícola con la intensión de mejorar las cualidades de los cultivos.

El tema es uno de los más polémicos en el mundo. Sus detractores dicen que no hay conocimiento adecuado del impacto de estos organismos en el medio ambiente y la salud humana. Sus defensores abogan por una biotecnología responsable e informada, dirigida a resolver problemas de alimentación en el mundo y a disminuir el uso de insecticidas y herbicidas químicos.

Nuestro país no es ajeno a esta discusión. Hace unos meses varias organizaciones civiles enviaron una carta al presidente Andrés Manuel López Obrador para solicitar el establecimiento del “Decreto México con bioseguridad y sin organismos genéticamente modificados”. Esta propuesta que contempla la prohibición de emitir permisos de liberación de organismos genéticamente modificados -incluidos los obtenidos con nuevas técnicas como edición genética para cría o siembras piloto, experimental y comercial en territorio mexicano- hace eco del discurso presidencial sobre el tema y la postura de la presidenta del Conacyt, María Elena Álvarez-Buylla.

En respuesta a la misiva, un grupo de 140 científicos especialistas en el área de biotecnología redactaron otra carta donde piden no estigmatizar a la biotecnología. Entre los firmantes destacan el presidente y varios expresidentes de la Sociedad Mexicana de Biotecnología y Bioingeniería, así como 10 Premios Nacionales de Ciencias. Su postura es descartar un decreto de prohibición cuando ya existe un marco regulatorio sobre bioseguridad de transgénicos. El veto, dicen, podría echar abajo 30 años de avances en biotecnología.

Para el doctor Enrique Galindo, director de Vinculación del Instituto de Biotecnología de la UNAM y exdirector de la Sociedad Mexicana de Biotecnología, la ley establece que cada caso debe revisarse de manera particular. “Existe la normatividad a través de la Ley de Bioseguridad. No hay necesidad de un decreto de veto.

El asunto es que no se puede hablar de los transgénicos en general, se tiene que hablar del transgénico específico con sus características particulares”. Agrega que esta petición es una estigmatización de la biotecnología, como una constante en este gobierno.

“Además se maneja esta tecnología como si fuera algo que sólo manejan las transnacionales, lo que no es cierto”, señala el experto. Agrega que en el más reciente “Congreso Nacional de Biotecnología y Bioingeniería” asistieron cerca de mil 200 biotecnólogos con propuestas de impacto en muchas áreas de la vida cotidiana. La población de estos especialistas en México podría rondar el 20% del Sistema Nacional de Investigadores.

Para la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), buena parte de los criterios opuestos a los organismos genéticamente modificados se sustentan en experiencias referidas a la falta de información, deficiente capacitación y prácticas abusivas de determinadas empresas productoras de semillas a escala mundial.

Si bien es cierto que la voracidad de transnacionales, como Monsanto han exacerbado la polémica, la pregunta es qué podría generar un decreto de prohibición generalizada, en lugar de que el gobierno se responsabilice para que agricultores tengan acceso a este tipo de tecnologías con la capacitación adecuada.

En el reporte “El Futuro de la Alimentación y la Agricultura. Tendencias y Desafios”, publicado por la FAO, se señala que en un mundo donde cerca de 800 millones de personas siguen padeciendo hambre, la seguridad alimentaria global cada vez parece estar más en peligro debido a la fuerte presión sobre los recursos naturales y el cambio climático.

Ante este panorama no se pueden limitar los recursos que ofrece la biotecnología, sino seguirlos explorando, pues sus herramientas cada vez logran objetivos con mayor precisión. La comunidad científica en el mundo defiende su labor. Recientemente, alrededor de 25 mil investigadores de más de 120 institutos de Europa le exigieron al Parlamento de la Unión Europea que no obstaculice la edición genética para poder crear cultivos con mayores nutrientes y mayor resistencia al cambio climático.

El doctor Adelfo Escalante, presidente de la Sociedad Mexicana de Biotecnología y Bioingeniería, señala que la técnica de CRISPR sin duda alguna es una herramienta alternativa de gran valor a las metodologías de DNA recombinante “tradicionales” para la edición de genomas y su modificación genética.

“La aplicación de esta metodología aunado a la secuenciación del genoma de diferentes de cultivos vegetales hará posible la edición del genoma de la planta de forma precisa evitando algunos problemas con las plantas transgénicas como pudiera ser la inestabilidad del transgen. Los grupos que se oponen a esta estrategia, claman que también son transgénicos pero obtenidos de nuevas técnicas de edición genética”.

Finalmente, el asunto parece centrarse en lidiar con la percepción de la palabra transgénico como un sinónimo de algo negativo pero más por ideología que por evidencia científica, como el temor de la población por consumir este tipo de alimentos. El proceso de autorización para consumo de productos de OGM en nuestro país, y en muchos otros, se sustenta en evaluaciones de inocuidad de acuerdo con los lineamientos del Codex Alimentarius, avalados por OMS/ FAO.

Métodos sustentables
“Los científicos mexicanos han creado muchos organismos benéficos para todo el mundo. El problema es limitar el desarrollo de la biotecnología al querer poner todo en una misma canasta, como si todos fueran Monsanto”, señala Galindo. Para el especialista uno de los ejemplos más importantes para la protección de ecosistemas de manera sustentable que se ha logrado con los transgénicos tiene que ver con las variedades resistentes a plagas específicas que no acaban con todos los insectos que integran el ecosistema de un cultivo y evitan la aplicación de insecticidas químicos.

“Una alternativa para el uso indiscriminado de productos contaminantes en el campo es utilizar una bacteria del mismo suelo que produce una toxina y es tóxica para ciertos tipos de insectos. La ingeniería genética transfiere esta toxina específica a una planta que produce naturalmente su propio bioinsecticida”.

Los especialistas señalan que el pretender vetar a todo tipo de transgénico y su investigación es grave y afecta a la biotecnología, una ciencia que con sus investigaciones en México ha hecho importantes aportaciones al mundo en diferentes sectores. La comunidad científica mexicana que trabaja en estas áreas del conocimiento es muy fuerte. Los doctores Bolívar Zapata y Luis Herrera Estrella son pioneros en el área médica y en la ingeniería de plantas, respectivamente.

De hecho, una de las aportaciones más recientes de este último investigador tiene que ver con la secuencia del genoma del aguacate, con la que se podría generar una plataforma tecnológica de mejoramiento para este cultivo, en particular para evitar el ataque de patógenos, ahorrar recursos y mantener el lugar de México como principal exportador.

Galindo comenta que un transgénico muy famoso en el área de la salud es la insulina. “Antes de 1980, toda la insulina provenía del páncreas de cerdo porque su estructura es muy parecida a la humana, pero esto a la larga implicaría un problema grande de desabasto, es así que los genetistas tomaron un gen humano y hoy una bacteria puede producir la hormona humana. Toda la insulina es transgénica”. Cabe señalar que existen más de 100 medicamentos de origen transgénico que se distribuyen en México regularmente para diversos padecimientos.
Nuevas oportunidades
La biotecnología en México es un área estratégica que tiene muchas ramas que van más allá de los transgénicos. Hay muchas pequeñas y medianas empresas que trabajan buscando nuevas alternativas para diversos productos de la vida cotidiana. Applied Biotech es un emprendimiento donde se producen de manera artificial las moléculas de los compuestos picantes. No es necesario sembrarlas, pues se producen esas moléculas con materiales disponibles como los ácidos de la palma de coco.

Alejandro Torres Gavilán, el director de esta startup, explica que las aplicaciones de estas moléculas son variadas y van desde biorepelentes hasta compuestos para alargar la vida de los cascos de los barcos. Se le incorporan estos materiales a la pintura de los barcos y evita que se peguen conchas y otros organismos, pero también pueden servir para recubrir cables de fibra óptica y evitar que se los coman roedores. Se utiliza un material que finalmente es biodegradable como elemento disuasivo.

“El terreno de la biotecnología es muy difícil porque no es un emprendimiento rápido, como podrían ser la Tecnologías de Información y Comunicación con un probable impacto inmediato. Este tipo de proyectos requieren tiempo y maduración, sin embargo cada vez hay más emprendimientos en tecnologías basadas en utilizar organismos vivos”. Sin embargo el emprendedor reconoce que están muy lejos del público.

“Hemos tenido experiencias en la búsqueda del lugar para poner nuestro laboratorio y sólo con el hecho de escuchar la palabra ‘biotecnología’, la gente se asustaba. Tenemos que utilizar sus recursos en todas nuestras posibilidades. Obviamente evitando daños colaterales, teniendo las certezas, pero hay muchas tecnologías muy sustentadas, científicamente probadas de gran utilidad en todos los campos”.

Por otra parte, Galindo señala que nuestro ejemplo deberían ser los países que le han apostado a la tecnología, como Corea del Sur, que hace 50 años tenía un PIB más bajo que el de México, pero gracias al desarrollo de la ciencia y la tecnología empezó a generar empleos de alta calidad paulatinamente.

El problema es que en México se generan empleos, pero de uno o dos salarios mínimos”, dice Galindo, quien enfatiza que lo más peligroso es vetar los campos de conocimiento, algo histórico para el país”.

Comparte con tus amigos










Submit