Violencia, viene de otras líneas

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Que un niño asesinara y luego se suicidara causó estupor e indignación en casi toda la sociedad mexicana. Primero se responsabilizó a profesores, según, porque son quienes “educan”; luego a (en este caso) abuelos, porque fungieron como padres, ya que estos ofrecen valores. El ambiente, se ha sostenido, es propicio para los antivalores. Y, en este sentido, lo alimentan los contenidos de los medios de comunicación, principalmente videojuegos y el cine.

Luego de asestar tremendas descalificaciones a los sectores antes mencionados, hoy se sabe que la familia tenía vínculos con “otros grupos”. Esos grupos están presentes en la vida política y, ahora se puede deducir, en la conciencia de millones de jóvenes; también poseen poder económico. Han rebasado al poder político.

Desde hace años se denostaba a la familia por un suceso trágico; de inmediato se asociaba con “aquellos grupos”.

A veces se exageraba; pero en la mayoría de los eventos se daba esa sujeción. Todo indica que en este nuevo suceso, en Coahuila, también están presentes los comportamientos de “esos grupos”. Vuelve la sugerencia de un obispo: “Salir a la calle, persignarse y que Dios nos cuide”.

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