…Y en eso llegó Benito Juárez

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HAY AHORA MÚLTIPLES MEDIOS, SOBRE TODO DE RADIO Y TELEVISIÓN, PRENSA ESCRITA, VISITAS DOMICILIARIAS Y HASTA franelógrafos, promoviendo con libertad, opiniones para convencer y ganar adeptos para sus sectas, en una competencia tal que me hacen pensar desesperación. Empero, no hay mucha discusión respecto a que tal o cual iglesia es la única y verdadera. Tanto la iglesia católica, Apostólica y Romana, como la griega, la Episcopal, la protestante y todas las demás, sostienen esa afirmación, solo por el hecho de basarse en un libro dizque firmado por Dios que le llaman Sagradas Escrituras, o sea la Biblia. Pero que por supuesto, fueron hechas por hombres mortales como todos. ¿Quién garantiza que lo que dicen esas Iglesias sea cierto? Pues sus propios ministros que tienen todo el interés de seguirnos engañando, tanto que, si los cristicolas comprendieran que la Biblia no está escrita por Dios, la mayor parte de los sacerdotes, curas, monjas, ministros y demás, se morirían de hambre, como no se dedicaran a trabajar y producir para comer.

¿CÓMO EXPLICAR O ENTENDER QUE, SI LAS SAGRADAS ESCRITURAS NO SON DIVINAS, LOS GOBERNANTES, HIPOTÉTICAMENTE entendidas y honestas ¿?, que hayan permitido el engaño durante tantos siglos? Todos sabemos que la religión cristiana no ha sido siempre la de los mexicanos. Que antes, aquí había cultos ancestrales que fueron desplazados por la fuerza, incluso de las armas, dizque porque era la buena y verdadera. A pesar de eso, lógicamente, no debió ser tan fácil desplazar la una por la otra por más persecución, maltrato y asesinatos. Todo esto, por supuesto y desde luego, con la anuencia del gobierno que debió haber hecho el trato con los obispos y jefes de la Iglesia, en el sentido de aceptar que estos eran los auténticos representantes de Dios aquí en la tierra, asistiendo con gran aparato a todas las ceremonias de la Iglesia, besando devotamente la mano a los obispos y comulgando ante todo el mundo con tal de causar impresión; en cambio los sacerdotes, alabarían en todos sus sermones, la sabiduría, rectitud y prestancia de los que gobernaban. Y que conste, que aquella época los que gobernaban eran peor que los actuales, con todo y el PRI, el PAN y el PRD. Así se hizo el tácito convenio. A esta alianza se le llamó ‘unión Iglesia-Estado’. O como decían otros ‘el altar y el trono’. Tuvieron que luchar en serio para que nuestros pobres aborígenes cedieran, si es que lo hicieron.

AL QUE NO OBEDECÍA LA IGLESIA LO AMENAZABA CON EL INFIERNO; QUIEN COMPRENDÍA QUE NO HABÍA TAL INFIERNO Y NO hacía caso, la Iglesia lo excomulgaba. ¡Ah!, y pobre de aquel que excomulgaban, el Estado lo encerraba en un calabozo o le rompía los huesos en los tomentos o le quemaba en medio de la plaza pública, —para escarmiento—, ¡y cómo no!, de ‘los otros enemigos de Dios’, ¡como si nosotros pudiéramos hacer algún daño a algún Dios! ¿Cuál era la necesidad que tenía —o tiene el Estado—, de la Iglesia, para gobernar? En aquellos tiempos no había tantas policías. El ejército permanente lo trajeron ellos para ‘conservar el orden’. Como el gobierno cometía todo tipo de abusos, se valía de los curas para contener a los pueblos, engañándolos. Por aquella época la iglesia cobraba descaradamente las primicias, los diezmos y las pernadas y todo cuanto se les ocurría, so pena de ser excomulgados, confiscarle los bienes y de echarlos a la cárcel. Los gobernantes que implantaron la religión cristiana, tuvieron que fingir, con empatía sublime, creer en ella, para convencer al pueblo y, para tales efectos, cada vez que había un milagro se organizaban larguísimas procesiones, a las que concurrían, no solo un sinnúmero de curas y muchos obispos, sino los jefes de gobierno, todos los ‘caca-grande’, dignatarios, nobles y demás de la flora y fauna; y se prosternaban de rodillas ante algún objeto o cosa, que se aseguraba caído del cielo. Con estas farsas nadie tenía la menor intención de negarlos.

Y EN ESO LLEGÓ DON BENITO JUÁREZ; AUNQUE DESPUÉS LO HIZO SALINAS (SATANÁS) PARA RETROCEDER Y …ASÍ NOS QUEDAMOS. FIN.

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