¿Y qué fue de aquel amor?

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En estos días en que se celebra el amor y la amistad es necesario preguntarse ¿qué fue de aquel amor? En su segunda campaña electoral a la Presidencia, Andrés Manuel López Obrador pregonaba la república amorosa; en la tercera predicó la idea de “abrazos, no balazos”. Esos sentimientos nobles de abrazos y de amor se tornaron en otros cuando arremete todos los días muy temprano, en sus conferencias, en contra de algún actor de significancia que le hace una crítica o se manifiesta en contra de algunas de sus ocurrencias o iniciativas.

El candidato amoroso y generoso en el afecto se constituyó en un presidente que todos los días lanza diatribas: un día presenta una iniciativa y durante varios lanza insultos y descalificaciones de todos aquellos que le señalan que esa propuesta tiene las características de una ocurrencia sin sustento. Pero, además de ello, cuenta con un ejército de troles y bots, como se denominan a las cuentas y perfiles falsos en las redes sociales que apoyan sus ideas y arremeten contra quienes las critican.

El presidente de la República marca la agenda diaria de los medios de comunicación masivos y el de las redes sociales con villanos favoritos para considerar que en el pasado nada existió y que todo se explica a partir del día en que arribó a la Presidencia. Para él y para sus seguidores, la crítica comenzó a partir de que se convierte en Ejecutivo y nada tan falso como eso, la crítica a los presidentes de México y a los políticos en general existió, ha existido y existirá; más aún, la burla y los chistes en su contra, porque, al final de cuentas, es el único recurso que se tiene en defensa de las decisiones gubernamentales.

Como presidente emanado de la izquierda que se mantuvo en tres campañas seguidas para lograrlo, López Obrador está convirtiéndose en lo mismo que se hizo Vicente Fox al lograr la alternancia de partido en el 2000, una verdadera caricatura y de un hecho histórico en una anécdota más en este país, en el que lo que ha abundado son los presidentes irresponsables y ocurrentes.

En algunos casos, las historias de sus excesos se han hecho públicas después de que abandonan el cargo y de esas acciones, que vienen del ejercicio del puesto, tanto de ellos como de sus familiares, se tienen noticias de muchos quienes los acompañaron. Pero, en otros casos, las acciones de los familiares se han conocido cuando han estado en el poder, como los casos patéticos de los hijos de Martha Sahagún o de las hijas de Angélica Rivera, quienes fueron duramente criticados por eso.

Tanto los presidentes mencionados como sus parientes fueron criticados, también por aquellos que no votaron por ellos, que, como sugiere López Obrador, solo lo pueden criticar quienes sufragaron por él.

Por lo pronto, la respuesta que dio en un video de unos segundos de José Ramón López Beltrán, hijo de Andrés Manuel López Obrador, a las críticas de la vida de lujos que lleva, con un gesto burlón, pregunta “¿soy junior de la 4T”? A la vida de opulencia, como el nacimiento del nieto del presidente en un hospital privado de Houston, Texas, en un momento de crisis hospitalaria, de falta de medicamentos a enfermos de cáncer y la infuncionalidad del sistema de salud es que se le atribuye la distracción de la venta del avión presidencial.

Esta agenda de críticas y deslices que tienen los parientes del presidente es lo que le hace perder la compostura al mandatario y hace perder el cariño que siempre le profesó a la humanidad, hasta hace que se le olvide la república amorosa y que la vida son abrazos y no balazos.

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