¡Y… sin embargo, se mueve!

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NO ES EXTRAÑO QUE LOS CURAS, EL PAPA ENTRE ELLOS, HAYAN MANIFESTADO INCOMODIDAD POR LOS EXPERIMENTOS relacionados con la clonación. Tras de todo esto está la lógica. Se identifican plenamente; pertenecen a lo que en la política se conoce como de derecha, y por supuesto, vinculados ideológicamente con el clero y sus derivados, con lo que quedan bien con los miles de católicos. Los legos, los laicos y los que no estamos versados con cuestiones de la medicina, entendemos simplemente que un clon es un organismo que deriva de otro a través de una reproducción no sexual; de allí proviene el término clonación cuya resultante asusta o inquieta a muchos.

POR SUPUESTO Y DESDE LUEGO QUE LA IGLESIA SE OPONE, POR NATURALEZA, A TODA ACCIÓN CIENTÍFICA, TÉCNICA O DE cualquier índole que contradiga las teorías divinas y, como la clonación de animales y de seres humanos va contra esas teorías sacrosantas, que como muchas otras, han desmentido y hasta ridiculizado al propio Dios del Papa, por innumerables ocasiones a lo largo de la historia —y siempre ha arremetido contra ellas—, esta vez no puede haber excepción.

POR EJEMPLO, LA OPINIÓN DE QUE LA TIERRA ERA REDONDA HA EXISTIDO DESDE LA ANTIGÜEDAD Y POR LO TANTO HABÍA MUCHOS que afirmaban que, a pesar de las Sagradas Escrituras, la Tierra no era plana. Con el objetivo de combatir esta teoría, el Papa Juan XV nombró una comisión de “sabios frailes” para que “viajando hasta el punto en que la Tierra y el cielo se tocaban”, demostraran así que el mundo era llano y estaba tapado por el cielo como por un fanal. En efecto, los frailes salieron para su expedición en el año 987 y cinco años después, se presentaron diciendo haber llegado hasta el punto en el que el cielo y la Tierra se juntaban, tanto que habían tenido que bajar la cabeza para no dar con él. Ahora cualquier niño de primaria se reiría de ellos.

A PESAR DE ESTA CONTUNDENTE PRUEBA CONTINUÓ EXISTIENDO EL PARTIDO DE QUIENES CREÍAN QUE LA TIERRA ERA REDONDA. AL fin, en el siglo XV se presentó un hombre diciendo que él se comprometía ir a la India tomando la dirección opuesta a la acostumbrada, asegurando llegar allá por efecto de la redondez de la Tierra. Aquel hombre se presentó en España ante los doctores de la Iglesia. Los reverendos padres y obispos quedaron estupefactos ante el atrevimiento de un individuo que pretendía saber más que su propio Dios, quien hablaba de “los cuatro ángulos de la Tierra”. Aquellos sabios doctores calificaron de loco a Cristóbal Colón, con lo cual se salvó de ser quemado por hereje. Sin embargo, hizo el viaje y llegó a América. De pronto se presenta otro hombre, llamado Nicolás Copérnico, que afirma, apoyándose en buenas razones, que no era el Sol el que daba una vuelta alrededor de la Tierra —sistema Ptolomeo—, sino que, por el contrario —sistema heliocéntrico—, esta, girando lo mismo que un trompo, nos hacía aparecer que el Sol y todas las estrellas daban vuelta a nuestro alrededor.

LA IGLESIA COMPRENDIÓ QUE EL FRAUDE DEL CIELO SÓLIDO IBA A SER DESCUBIERTO Y, SIN TITUBEAR NI UN INSTANTE DECRETÓ QUE aquellas teorías eran inspiradas por satanás con el objetivo de engañar a los hombres; añadiendo, como de costumbre, que los partidarios de las nuevas teorías quedaban excomulgados y que todos los que sostenían que los cielos no eran sólidos y que la Tierra se movía, serían condenados a muerte. Otro hombre, Jordano Bruno —que se atrevió a escribir un libro demostrando con razones que no había tal cielo, que la Tierra se movía y que había otros mundos además del nuestro—, fue quemado vivo en medio de una plaza de Roma el 16 de febrero de 1,600, por orden nada menos que del Papa Clemente VIII, quien presenció la ejecución, acompañado de obispos, arzobispos y cardenales.

EL 16 DE SEPTIEMBRE DE 1609, DÍA PARA SIEMPRE MEMORABLE EN LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD, QUEDÓ CONCLUIDO SU ANTEOJO CON EL cual descubre algunos secretos del universo; observa a Venus, Júpiter, Saturno, la Luna, etc., echando a la basura las teorías religiosas. Ipso facto, Galileo Galilei es arrojado en un calabozo y cargado de cadenas, tiene que elegir entre ser quemado vivo o negar que la Tierra sea un planeta como Venus, Júpiter, etc. Pero él mismo exclamó: ¡Qué importa lo que yo diga; a pesar de eso, la Tierra se mueve! La Iglesia creyó haber ahogado para siempre a la verdad en fuego y sangre, pero, si bien ha podido y puede retardar el progreso, conservando a millones de seres racionales en las embrutecedoras supersticiones de la idolatría, no le es posible detener la marcha de la civilización y de la ciencia. La clonación es un avance irreducible de la humanidad. ¡Nunca se ha frenado la ciencia y la tecnología por las dañinas consecuencias secundarias que acarree! FIN.

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